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domingo, febrero 25, 2024

El gatopardismo que empieza a gobernarnos

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Julián Cárdenas Correa
Columnista

La determinación que en su momento mostró Iván Velásquez, como magistrado auxiliar, en la lucha contra la parapolítica, me generó una total admiración. Cuando fueron cayendo uno por uno los políticos que habían hecho pactos con los paramilitares, el país iba creciendo en el sentimiento de indignación y Velásquez se hacía merecedor de respaldo y respeto.
Cuando pasados unos años volví a escuchar de Iván Velásquez, fue cuando, como emisario anticorrupción de la ONU, libró también una lucha contra la corrupción en Guatemala. Amenazas del establecimiento en ese país fueron una de las muchas situaciones que el exmagistrado debió sortear, y ahí, creció por parte de muchos un torrente adicional de admiración.
Hasta ahí, la figura del Señor Velásquez lo hacía, como es apenas obvio; quizás el mejor representante de una posible lucha contra la corrupción.
En campaña Gustavo Petro sugirió que eso haría Velásquez en su presidencia, si era elegido. Y ahora que efectivamente lo fue, Gustavo Petro dio una voltereta que los petristas se niegan a ver, y los antipetristas reducen a una persecución contra el Centro Democrático y con ello, dan una muestra más de poca visión y, así, unos y otros, hacen alarde de lo que ya sabemos de sobra: Los colombianos adolecemos de un pensamiento crítico.
Quienes aplauden, como los petristas, que el prometido zar anticorrupción, será un excelente ministro de Defensa, pasan por alto que un ministro de defensa no lucha contra la corrupción. Un ministro de defensa es el jefe de las fuerzas del orden (No olvidemos que en Chile, Boric tiene que sacar esas fuerzas del orden con mucha frecuencia) y es quien debe cuidar a los colombianos de fuerzas que amenazan la seguridad del país.
No soy en absoluto militarista, es más, desdeño a quienes se ufanan de serlo; pero al pan, pan, y al vino, vino: Un ministro de defensa no puede hacer nada contra la corrupción, salvo que creamos que en Colombia la corrupción está sólo dentro de las fuerzas armadas. ¿Hay corrupción dentro de las fuerzas armadas? Claro, como en todas nuestras instituciones. ¿Es eso lo que prometió Petro y que el país reclama? Rotundo no. Eso no es. La lucha contra la corrupción no era una lucha contra la corrupción en las fuerzas armadas, era una lucha contra los políticos corruptos.
Como el gatopardismo lo expone irónicamente, pero muy claro también, esto luce más a que “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Aterricemos, no petristas y petristas: Lucha contra la corrupción con el pacto nacional que se materializó, y los compromisos burocráticos que ello conlleva, no admite lucha contra la corrupción como se planteó en campaña. Simplemente, en ese frente, nada cambiará.
Quienes esbozan rebuscadas tesis para encontrar sentido a este sinsentido, simplemente representan un ejemplo de disonancia cognitiva.
Así como de nada sirve declarar la guerra contra el cáncer, de nada sirve, en la lucha contra la corrupción; nombrar a Iván Velásquez como ministro de defensa.
Pensamiento crítico… eso tendremos que desarrollar en estos cuatro años, para señalar lo que no se quiere ver.

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