Iván Tabares Marín
Dedicaré esta nota al Capítulo 4 del libro del profesor Eduardo Pizarro Leongómez en el que se proponen “Diez líneas de acción para alcanzar la paz soñada”, y al final presentaré una crítica respetuosa a este ensayo tan oportuno y serio para el futuro del país.
La primera línea se titula Un doble mea culpa sobre las desigualdades sociales en ingresos, la tenencia de la tierra y de las regiones; agrega: “no más justificación al uso de las armas. En el contexto actual, no veo mucho sentido a esta línea de acción que corresponde a la “justificación” utilizada por las guerrillas y que perdió todo sentido con el fracaso del marxismo en el siglo pasado. Los grupos armados utilizan ese discurso solamente para “legitimar” el narcotráfico y otros delitos.
La segunda línea de acción es el diseño de un libro blanco de seguridad y defensa nacional. Los temas centrales de ese texto serían: evaluación de la situación mundial y regional, y determinar las respuestas de orden táctico para adecuar las FF.AA. a distintos escenarios. La tercera línea: El fortalecimiento de las Fuerzas Militares y de Policía. 4a. Línea: El monopolio del uso legítimo de la autoridad. 5a. Reforzamiento de los lazos de cooperación internacional. 6a. Un modelo de reintegración exitosa de los excombatientes. 7a. Debilitamiento de las rentas ilegales y de la apropiación ilegal de rentas legales. 8a. Reordenamiento de la oficina de paz, redefinición de sus prioridades y de su plan de acción. 9a. Garrote y zanahoria. 10a línea de acción: Construcción del gran acuerdo nacional: fuera las armas de la política.
Si bien la intención de las diez líneas de acción es evitar los gravísimos errores en que han incurrido nuestros acuerdos paz, insisto en que el contexto es distinto. El problema central no es la violencia, sino la educación o el adoctrinamiento que reciben los jóvenes en colegios y universidades en el proyecto de la Nueva Izquierda conocido como la batalla cultural o le hegemonía identitaria. Nuestros grandes enemigos son el magisterio y la izquierda: sin ellos no hay guerrilla.
Los colombianos no simpatizan con las guerrillas como se demostró con los 50.000 votos obtenidos por las Farc cuando participaron en elecciones; pero los educadores mantendrán viva a la Izquierda con el viejo proyecto de la lucha de clases, más el perverso enfoque de género, el movimiento indígena, las organizaciones negras, la ecología del decrecimiento económico y la primera línea de jóvenes mercenarios. Además, la izquierda continuará el saqueo de los bienes del Estado para mantenerse en el poder y enriquecer a sus cuadros o activistas. Iván Cepeda será peor que Gustavo Petro.
Si más o menos un 70 por ciento de los jóvenes entre 18 y 30 años prefieren una dictadura a una democracia, la primera acción para lograr la paz es cerrar el ministerio de Educación y privatizar todo el sistema educativo con colegios y universidades en concesión que han mostrado excelentes resultados y son más baratos para el Estado.
