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sábado, junio 22, 2024

¡El enriquecimiento ilícito de los alcaldes!

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Alvaro Ramírez González

Columnista

La corrupción es sin duda la peor enfermedad que sufre la sociedad colombiana.

Los administradores públicos se valen de mil artimañas para desviar los recursos del pueblo, pero sobre todo para amañar la contratación hacia sus socios y financiadores, haciéndola mucho más cara, para repartirse el botín entre los dos.

Es el dinero del pueblo. Es el que le debe resolver los problemas a los pobres.

Pero no lo consigue porque, en el camino, descaradamente se la roban.

Pero como me lo decía un amigo que trabaja como “coach”, o “técnico” de un candidato en Antioquia, en las encuestas que han hecho para detectar los males, como los ve la gente, la corrupción no aparece en el primer orden de la lista.

Quiere decir que la gente todavía no se ha percatado que la corrupción es el cáncer que está dañando su vida desde todos los frentes.

Para no hacer muy disperso mi análisis, me voy a referir a los Alcaldes.

Hoy está en evidencia el enriquecimiento intempestivo y no justificado, para no llamarlo ilícito, de Alcaldes como los de Medellín y Cali.

De hecho, el último de estos tiene hoy embargados por la Contraloría como 8 bienes.

¿De dónde sacan tantos bienes, personas que siempre han vivido de un salario y del Estado?

Eso no tiene justificación.

Los Alcaldes por elección popular se han convertido en unos verdaderos emperadores que hacen lo que les da la gana con el presupuesto municipal, al extremo de Pinturita en Medellín, con el Estadio Atanasio Girardot lleno (37.000 personas) y regalándole a cada una un computador portátil.

O Petro en la Alcaldía de Bogotá, pagando batallones de mamertos que le hacían desde entonces su campaña presidencial.

O Claudia López, gastando miles de millones en asesores de imagen.

Botando físicamente la plata del pueblo.

¡Y nada les pasa!

Pero vamos al resultado final.

Estos personajes salen millonarios y sin ninguna limitación para disfrutar y exhibir su nueva condición social.

Naturalmente los parientes cercanos, sirven de testaferros para esconder estos abultados, e injustificados patrimonios.

En mi ciudad Pereira, por ejemplo, es un hecho común y conocido que muchos exalcaldes, llegaron pobres para utilizar una terminología brusca y salieron ricos.

Con muy pocas excepciones casi todos viven o están construyendo mansiones, al tiempo que los vecinos cuchichean y murmuran en voz baja.

Y no parece que este circuito de asalto a los presupuestos públicos vaya a parar.

Es muy sencillo.

Unos contratistas (pocos) ponen todo el dinero de la campaña.

Una suma que avasalla a los demás competidores.

El Alcalde de turno ya elegido, acomoda todos los presupuestos de inversiones y obras de tal manera que sean estos contratistas los favorecidos con la nueva contratación.

Pero, además, en esa “vuelta”, se aseguran unos y otros, que haya unos muy buenos sobreprecios para que también haya una buena mordida para el Alcalde de turno.

Eso explica el por qué, por ejemplo, un Alcalde que va a recibir en los 4 años de su mandato una suma como $1.000 millones sumados los salarios y las prestaciones, se gaste 5-6 y 7.000 millones para llegar.  Eso lo vemos todos en las campañas.

En Barranquilla, por ejemplo, antes de llegar Alex Char, hubo un tándem de muchos alcaldes que robaban de frente a sabiendas que salían para la cárcel.

Y salían del despacho directamente para la cárcel.  Había que robar mucho.

Pero lo suficiente para contratar un hábil abogado penalista que haga buenos arreglos con un juez corrupto y un médico que prescriba el mal estado de salud del exalcalde ladrón.

Y lo mandan en pocos meses para la casa.

¡A disfrutar del botín!

Esta escena la hemos visto los colombianos muchas veces.

Vienen en octubre unas elecciones regionales que van a poner nuevos Alcaldes y Gobernadores.

Y veo que ya empiezan los derroches y las exhibiciones de poder de los “combos” ganadores.

Está pues en nuestras manos elegir bien, o permitir que este circuito se saqueó continúe.

Y continúa.

¡Usted decide!

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