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miércoles, julio 24, 2024

El ejército y los batallones de artillería

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Oscar Alberto Diaz G.

Columnista

El pasado cuatro de Diciembre la artillería colombiana, al igual que  en muchos ejércitos,  celebró  su día tradicional; celebración que ya no se efectúa con actos pomposos, por la austeridad propia de las  circunstancias,  pero  sigue siendo  el día de la artillería colombiana;  amerita que lo recordemos, no solo quienes pertenecen hoy en actividad al ejército,  sino también todos quienes tenemos el orgullo de haber portado  un día el uniforme de los soldados artilleros.

En Risaralda y  el eje cafetero hubo los actos conmemorativos como pueblo beneficiario de la acción constitucional del Ejército, que  ha cumplido su misión a cabalidad.   Es evidente que la vida en la comarca ha estado ligada íntimamente al batallón de artillería San Mateo, que hace parte de su patrimonio.

Para fortuna de todo el pueblo colombiano, el  Ejército sigue siendo la institución que más credibilidad  merece,  a pesar de los embates de ciertos medios de comunicación, que siguen  los postulados de la ideología foránea  que destruye,  la que  aplaude  y cohonesta  las sentencias de los jueces que persiguen al militar, pero perdonan e indultan delincuentes.

En el ejército hay básicamente  unidades de caballería,  batallones de infantería, de  ingenieros y de artillería. Pero todos por fuerza de la necesidad han venido cumpliendo misiones en la preservación del orden público, en apoyo de la policía nacional.  Misión de presencia y prevención, pero también de combate, sin abandonar ni mucho menos sus responsabilidades y objetivo central: mantener vigente y entrenada una fuerza militar disuasiva, en defensa de la soberanía.   

  Los  delitos  cometidos por unos pocos  oficiales de alto rango,  como evidente excepción, han sido magnificados hasta lo inconcebible; una mentira mil veces dicha termina siendo verdad.  Los falsos positivos, que nunca debieron de ocurrir, fueron multiplicados  desde la vileza de un cura falaz, cuya comisión más bien debió  llamarse  “de la mentira”. Su  único propósito fue  debilitar la moral y disciplina del ejército nacional y  ayudarle a la JEP a encarcelar militares y absolver e indultar violentos,  subversivos,  canallas.

Hoy el estado dice que busca la paz total  ¿pero cuál? La que promulga Karl Marx? El  afirma que “El verdadero significado de la paz es la ausencia de oposición al socialismo” Pero apabullar a quien se oponga a la idea comunista, de hecho solo trae más guerra y desolación.

En Colombia además, el recurso económico de la guerra proviene del narcotráfico, el cual combaten nuestros batallones, dirigidos por un ministro de defensa  que más parece su enemigo, que su líder.

La paz no se impone acallando conciencias.  Esa paz que subyuga, es una falsa paz. Así como  la ley de gravedad  no se puede derogar por decreto,  pues las cosas caen por su propio peso,  la paz, al contrario de  lo dicho por Marx,  se deriva naturalmente de la justicia. Esa que en Colombia no existe.

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