18.4 C
Pereira
domingo, febrero 25, 2024

El discreto encanto de las ciudades lentas (I)

Es tendencia

- Advertisement -

Gonzalo H. Vallejo A.

Columnista

El “Movimiento Lento” es un estilo de vida que nació en 1986 cuando McDonald’s (cadena emblemática del “Fast food”), abrió su local en la Piazza di Spagna, hecho que muchos consideraron una afrenta contra la cultura gourmet romana. El sociólogo, periodista y gastrónomo italiano Carlo Petrini lideró un pequeño grupo de activistas que salieron en defensa de las tradiciones cocineras italianas. Tres años más tarde, la idea cruzó fronteras y continentes para convertirse en “Slow Food”, tendencia multidisciplinaria que hoy cuenta con miles de asociados en el mundo. Petrini nunca imaginó el alcance contracultural de su propuesta que era sólo, en sus inicios, un asunto culinario. En 2004 la revista “Times” lo convierte en uno de los cien héroes del mundo y, en 2008, lo erigen como una de las cincuenta personalidades que podrían salvar el mundo con su lema “Bueno justo y limpio”.

Con un pegajoso adagio (“Contra el vicio de la rapidez, la virtud de la lentitud”), pone a caminar un caracol, “amuleto contra la celeridad, la distracción exasperante, la impaciencia para sentir y gustar y la avidez por olvidar lo que recién se ha terminado de degustar”. Temas controversiales tales como crisis agroalimentaria, biotecnología, cultivos transgénicos, gastronomía de la liberación, pornografía alimentaria, des – ruralización, desarrollo insostenible, globalización de la miseria, geopolítica del hambre, guerras del agua, impacto ecocida del cambio climático, desfronterización agrícola, etc., han obligado a replantear el discurrir ecosistémico del movimiento y sus compromisos éticos, históricos y socio–políticos. Esto quedó ha quedado refrendado en el festival “Terra Madre” de Turín con su lema “La vuelta al mundo en 80 proyectos” que se celebra cada 2 años desde 1996.

El movimiento C40, Las granjas – tejado de Brooklyn, las “cajas de la vida” de Seattle, los reparadores de ciudad de Portland (Oregon), el boom de las eco – aldeas y de la cultura socio – ambiental surgidos a comienzos del siglo XXI con el “proyecto Itaca”, el renacimiento del dinero social con la propuesta de una divisa propia para una ciudad británica (“La libra de Bristol”) y los “huertos accidentales de increíbles comestibles” del Reino Unido, son algunos ejemplos de la fuerza eco – socio – sistémica que ha desatado la filosofía “Slow” en la hoy por todas conocida “Aldea glocal”. Uno de esos programas es bien conocido como “4Cities4Dev” (“Cuatro Ciudades para el Desarrollo”), financiado por la Unión Europea. Allí se protocolizó el acuerdo entre las municipalidades de Bilbao, Turin, Torino y Riga para impulsar varios proyectos de alto impacto en siete naciones del África.

Entre ellos están, un exótico café que se produce en Harenna (Etiopía) y un yogur hecho con leche de cabra mezclado con cenizas del cromwo, llamado el árbol eterno. Todos ellos son proyectos relacionados con nuevas formas de consumo, relación social y contacto con la naturaleza. “Se trata de reemprender un cambio de conciencia y reaprender el arte de cambiar de marcha”, puntualiza uno de sus militantes. Carl Honoré es un periodista canadiense, Este septuagenario de origen escocés, irrumpe en la escena contemporánea como “el gurú anti – prisa” y uno de los baluartes de la “Cultura Slow”. En su obra “Elogio de la lentitud” (2004), hace una radiografía crítica de los males de nuestro tiempo y propone una salida: un cambio histórico – cultural y sin fronteras que busca reducir nuestra vana, absurda y frenética marcha consumista y buscar tiempo justo para todo y para todos.

www.gonzalohugovallejo.com

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -