Por Andrés García
El terremoto del lunes 10 de agosto de 2026 nos tomó a todos por sorpresa. En el desarrollo de nuestras actividades laborales, académicas y algunos aún en casa, la naturaleza rugió y sacudió la superficie de la tierra bajo un aspecto ampliamente explicado por los geólogos, desde el punto de vista científico – acerca de cómo operan las placas tectónicas – pero absolutamente inexplicable a la luz de la emoción humana, máxime luego de observar el viento de cola que lo acompaña: La tragedia social, el miedo, la incertidumbre, la pérdida de vidas, la caída de las construcciones, el hambre, la intemperie la predominancia de la sin razón.
La tragedia nos abarcó a todos, sin distinción alguna. Para el caso concreto del departamento, no hubo risaraldense que no hubiese sido afectado. Algunos por fortuna, sin daños en sus casas y completamente ilesos. Otros no. Las autoridades departamentales y municipales, con el apoyo del Gobierno Nacional y organizaciones internacionales, departamentos vecinos, activaron el protocolo de atención enfocado principalmente a la ayuda humanitaria, el escalón de base hacia la recuperación. Aún hoy es incierto el balance general que dejó el terremoto de 7.4 de magnitud, ocurrido en el Chocó y que impactó a varios departamentos de Colombia, uno de los más afectados Risaralda, con sus 14 municipios, principalmente nuestra Pereira amada.
Una semana después del sismo, Colombia comienza a levantarse y con ella nuestro departamento. Asistencias 7×24 desde los PMU (Puestos de Mando Unificado), con el liderazgo de las autoridades y la articulación de las instituciones, ONG, policía, ejército, bomberos, cruz roja, defensa civil, empresas, gremios, colectivos sociales y la solidaridad del pueblo colombiano, el plan operativo de entregas de las ayudas avanza; sin embargo, las necesidades son demasiadas y se requiere de la solidaridad de todos y todas.
Muchos se han referido a ese 10 de agosto como el día en que todo cambió y, en efecto, el fenómeno natural nos confrontó, con el lamentable resultado de decenas de pérdidas humanas y muchas desaparecidas, para cuyas familias expreso mi más alto sentido de condolencia y mensaje de aliento y Fe. Animalitos que murieron, como el caso de Valentín una de las mascotas de casa, o que quedaron atrapados bajo los escombros y hoy gracias al tesón de los cuerpos de socorristas son rescatados, se convierten en una luz de esperanza en momentos de aflicción.
No obstante, expresando el mayor de los respetos para con el drama de cientos y cientos de damnificados – entre los que me incluyo al perder la casa de mis padres, con la fortuna infinita de haber podido recatar con vida a mi Padre y a nuestros queridos vecinos (Gracias Grúas Pereira, DIGER, Gobernación de Risaralda y Bomberos Pereira, además de la gran familia de copropietarios de Invico) – el día en que todo cambia ES HOY, en la medida en que somos cada uno de nosotros quienes ponemos de manifiesto esa actitud requerida para tener el valor de afrontar la crisis y levantarnos. Dios con nosotros. ¡Fuerza!
