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sábado, junio 15, 2024

El día del trabajo sin trabajo

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Fabio Castaño Molina
Columnista

Una conmemoración muy dolorosa viviremos mañana viernes 1 de mayo en el Día Internacional del Trabajo.Y bien dolorosa, porque la pandemia que nos tiene en cuarentena hace varias semanas no solo se ha llevado la vida de cerca de doscientas veinte mil personas, sino que ha generado la desaparición de millones de empleos, amén de la recesión económica en que ya nos ha postrado y nos postrará durante muchos meses más. Una crisis sin precedentes a la que las centrales sindicales que nos acostumbraban por esta fecha a marchar en contra de las políticas neoliberales, imperialistas y de ultraderecha no podrán salir a protestar, ni mucho menos echarle la culpa a los gobiernos de izquierda o de derecha, e incluso ni a los de centro. El coronavirus se ensañó sin misericordia contra países ricos y pobres. Contra estratos, medios y bajos. Tampoco ha respetado religión, sexo o raza, ni profesiones, ni edades.

Se la montó a todo mundo y hoy hace de las suyas en naciones tan poderosas y desarrolladas como los Estados Unidos, Italia, Francia, España y la China, entre muchas otras. Este 1 de mayo las calles de las principales ciudades del mundo no serán inundadas por el bullicio de las manifestaciones obreras, sino que serán inundadas por vacíos y silencios como los que experimentan hoy muchos gobernantes y dirigentes de grandes, medianas y pequeñas empresas que solo pueden ser abrazados por la incertidumbre del cómo saldremos de esta gravísima coyuntura económica. Lo preocupante es que a la vista no se ve ni la vacuna para frenar el Covid 19, ni el remedio global para volver a recuperar en el mediano plazo los empleos perdidos. Los bancos, con la anuencia de muchos gobiernos cómplices de sus usureras prácticas, se siguen haciendo los de la vista gorda.

Para colmo de males los anuncios de ayudas de gobiernos nacionales, regionales y locales, como los nuestros se enfocan en diferentes direcciones: Unos están solo llenos de buenas intenciones porque son muy escasos los recursos. Otros se van por el hueco de la corrupción, vía sobrecostos, como lo están denunciando los entes de control, y otros, porque la excesiva tramitomanía para acceder a los subsidios o préstamos acaba con la paciencia de los damnificados y por ende los acaba de ahogar. Así es imposible. ¡Qué paradoja tan particular la que viviremos este 1 de mayo en el Día del trabajo, sin trabajo.

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