El desafío del mensaje apropiado.

Por Julián Cárdenas Correa

 

Una historia apócrifa habla de que un grupo de amigos le pidieron a Ernest Hemingway que escribiera el cuento más corto que pudiera escribirse. Según esa historia que incluso se cita en libros, la respuesta del escritor fue esta: “Se venden zapatos para bebé. Sin usar”.

 

Ese cuento corto, que en español, tiene solamente 7 palabras, efectivamente dice mucho. Es una historia triste que evidencia sueños truncados, padres acongojados y un largo etcétera que a cualquiera con un mínimo de imaginación, le puede efectivamente extraer muchas ideas. 

 

Escribir historias, narrar historias, a pesar de que en la actualidad tanta gente lo hace, con aparente facilidad, es realmente una labor intelectual desafiante (Puede que alivianada un poco por la IA en la actualidad).

 

En el caso de la tragedia que acabamos de vivir sucede como con las empresas que atraviesan una crisis y se enfrentan a una dicotomía: qué mensaje le transmito a quien me debe, y qué mensaje le transmito a quien le debo. Es sencillo en estos casos: A quien me debe, en una crisis, le pido que me pague lo más pronto posible, mientras que, a quien le debo, le pido el máximo plazo para honrar la deuda.

 

En nuestro caso los mensajes no pueden ser, y no son, uniformes. Al pereirano tenemos que decirle, tenemos que decirnos a nosotros mismos: “De esta salimos”, “somos unos berracos”, “somos cívicos”, “este desafío no nos va a quedar grande, como no nos ha quedado grande nada en el pasado”, etc. Entre nosotros tenemos que levantarnos el ánimo, ayudarnos a estar decididos, el mensaje no puede ser el de hundirnos entre todos en la tristeza.

 

El mensaje hacia afuera, hacia el gobierno nacional, hacia los posibles donantes extranjeros, hacia el sector privado de fuera del territorio, el mensaje es otro: “Ayúdennos”, “Estamos pasando necesidades y momentos muy difíciles”, “dennos la mano”, “no somos capaces solos”, “El epicentro fue Pereira”, etc.

 

No es fácil. De ahí que es uno de los desafíos que enfrentamos y enfrentaremos.

 

Es evidente que los pereiranos quedamos con el sentimiento trágico a flor de piel. Quedamos con una sensación de desasosiego y de tristeza que tendremos que sacudirnos pronto.

 

Una experiencia la viví ayer en Medellín. En la Media Maratón de Medellín, que salía a las 5:30 am, a las 5:28 am, el animador de la salida pidió un minuto de silencio por las víctimas del sismo, por los hermanos colombianos que estamos sufriendo a causa del terremoto… y quién dijo sentimientos… Vi muchos pereiranos llorando. Ese minuto de silencio generó en quienes íbamos de Pereira, esa tristeza que nos hace llorar. 

 

Removernos esa sensación de haber perdido algo importante, requerirá liderazgo, pero también psicología. Pero no tenemos la posibilidad de tener líderes frente a nosotros a diario, y mucho menos la posibilidad de contar con un sicólogo personal. Nos toca agenciarnos, gestionarnos, liderarnos y ayudarnos entre nosotros y a nosotros mismos. Sólo así lograremos rescatar ese tejido que nos hará salir juntos de esta sensación de pesar.

 

Los mensajes son diferentes, eso es claro. Ese desafío tenemos que llevarlo con éxito ya, en cuestión de días.

 

Hacia adentro, fortaleza; hacia afuera, humildad de pedir ayuda.

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