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jueves, febrero 29, 2024

El derecho a la cuchara

Es tendencia

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Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez
Columnista

Es alarmante cómo cada día vemos que la canasta familiar se encarece; no alcanza para mercar, los precios están “por las nubes”, y hasta el pandebono, la arepa y -ni se diga- la carne, son motivo estos días de mucha preocupación y escasez en las mesas de los colombianos. Entre diciembre del año pasado y junio de este 2022 varios productos sufrieron alzas alarmantes, casi ninguno se ha escapado, primero fue la papa, luego la mazorca, después el maracuyá, y así sucesivamente y sin fin, tantos y tantos productos.
Que los efectos de la pandemia, que la guerra de Ucrania y Rusia, que los fletes de transporte marítimo desde los puertos hasta nuestras ciudades y el mal acceso a las vías terciarias, tanto para sacar como para entrar los insumos que están por “el cielo”; todos, todos estos factores han influido. Son tiempos difíciles, nos urge desde los entes de gobierno, y hablo de los regionales, nuestro Risaralda, que se piense desde ya en un plan ambicioso de alimentación familiar y comunitaria; de incentivar a nuestros campesinos y su vocación agrícola; no puede ser que en los planes de gobierno municipales -de los 14 que tenemos-, la sostenibilidad y priorización del campo y su desarrollo se vea tan pobremente trazado en las políticas agrarias, de desarrollo técnico y acompañamiento del mismo, y del derecho al alimento que todos tenemos.
No se trata de dar mercados o ajustarnos al programa nacional del PAE, que muchas veces es también presa de las cuotas burocráticas de nuestros congresistas que “pellizcan” su tajada al plato de los más pobres. Se hace necesario atacar la especulación inmobiliaria rural -menos éxodo del campo a la ciudad-, formalizar la propiedad en el campo y posibilitar “casa segura” e identidad territorial -amor por la tierra-; ensanchar las bandas para el internet y las telecomunicaciones -sentirse conectados con el mundo-; incentivar la producción interna de fertilizantes e insumos, creando cooperativas que se asocien para que en grupo puedan acceder a estos y que salgan más económicos.
Además, incidir en los POT, PBOT o EOT de nuestros municipios de Risaralda, capacitando personal en políticas agrarias y de sustentación alimentaria para las comunidades. Recuerdo el maravilloso ejercicio de las “granjas comunitarias de los años 80’” promovidas por los hermanos Maristas en Anserma Caldas, Guática -corregimiento de San Clemente- y Quinchía Risaralda, que consistían en agruparse y establecer parcelas comunes que proveían de comida a todos los que las trabajaran; ejercicio nacido desde la Doctrina Social de la Iglesia y que dio origen allí a las famosas lecherías, despensas de alimentos y una constante renovación del “pan-coger”: legumbres, tubérculos, frutales, etc.
El derecho a la cuchara -alimentación- es de todos, nadie puede sufrir hambre. Nuestros gobernantes, gremios agropecuarios, organizaciones y colectivos de campesinos, líderes sociales, juntas de acción comunal, universidades e instituciones debemos pensar en detener el hambre y el alza de los precios en la comida. Como nos recuerda el papa Francisco en su Encíclica “Hermanos todos”: “si hay pan en tu mesa, habrá paz en tu corazón”.

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