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sábado, junio 22, 2024

El deber moral y legal de la crianza

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Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez

Columnista

El código civil, en el artículo 253 y 264, sobre la crianza y educación de los hijos, dispone:  «toca de consuno a los padres, o al padre o madre sobreviviente, el cuidado personal de la  crianza y educación de sus hijos», y agrega, «su formación moral e intelectual del modo que  crean más conveniente para éstos, así mismo colaborar conjuntamente en su crianza y  establecimiento». Hoy, frente a la gran influencia de los medios masivos de información, la  inmensa deserción paternal; los menores y adolescentes se sienten solos e incompletos en su  proceso de crecimiento, muchos de ellos -no todos – reproducen conductas antisociales y hasta  delictivas, derivadas de un exceso de individualismo y un marco familiar poco claro e  insuficiente.

Las herramientas legales son cada vez más pocas y no favorecen la tremenda responsabilidad de  ser padres o madres. Siempre al lado de un niño hay un adulto referente; cuando la educación de  éstos es sustituida por otros paradigmas, casi siempre, en la mayoría de los casos se fracasa o se  deja a medio camino tan bella responsabilidad. A los padres nadie los reemplaza. Criar los hijos  es un deber y tiene un intransferible compromiso ético. Cuando los adultos priorizan hacer lugar  a un derecho, no sólo es el de la sustentación económica y la alimentación, sino también, el de 

sentarnos a la mesa con nuestros hijos y mirarlos a los ojos, charlar y contemplarlos. Cuando  nos interesamos por saber de sus gustos, de sus anhelos y los escuchamos, estamos haciendo  efectivo, el derecho a ser oídos y respetados como padres. 

El nuevo Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2206, nos recuerda: «las relaciones en  el seno de la familia entrañan una afinidad de sentimientos, afectos e intereses que provienen  sobre todo del mutuo respeto de las personas. La familia es una comunidad privilegiada llamada  a realizar un propósito común de los esposos y una cooperación diligente de los padres en la  educación de los hijos». 

El verbo criar está reconocido por la Real Academia de la lengua Española, tiene una forma de  conjugación verbal irregular y es pronominal, es decir, que se puede conjugar de manera  reflexiva como criarme, criarte, criarnos y criarse. Criar lo escuchamos de nuestros padres y  abuelos y se equiparaba a verlos crecer, hablar, dar los primeros pasos, “embarnecer” o  simplemente sentirnos orgullosos de nuestros hijos. Criar como verbo tiene una carga  significativa profunda y basta, no se puede delegar, eludir, ni mucho menos “delegar” a otros  por tal o cual circunstancia que se esté viviendo como padre o madre responsables del acto de  procrear. 

La sociedad ciertamente atraviesa un punto de crisis muy neurálgico y todo apunta contra la  familia, centro y “célula de la sociedad”. No existen disculpas para no criar y ser responsables. Pienso, finalmente, hoy cuando celebramos la fiesta de San José, esposo de María y padre  adoptivo de Jesús, en sus tareas de crianza guiada por una brújula, que se resume en dos  palabras: el amor y la responsabilidad. ¡Feliz puente de San José!

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