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jueves, abril 25, 2024

EL COSTO DE HACER POLÍTICA INDEPENDIENTE

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A propósito de las críticas sobre los nombramientos y sectarismo político que se evidencia en los cargos de gobierno – Local, regional y nacional-, donde cada vez pesa más el activismo sin preparación y donde lo técnico y la meritocracia ya no suma si no que resta, recordé que yo misma viví lo que significa el cierre de puertas por no ser de los afectos de los políticos de mi región y por no ser una mujer que podían “controlar”  Aquí les recuerdo esta historia. 

En marzo de 2020 durante el gobierno de Iván Duque, y después de haber tocado puertas en la alcaldía de Bogotá sin tener una repuesta positiva, apliqué a una convocatoria en la Agencia para la Normalización y Reincorporación de excombatientes ARN-, entidad en la que ya había trabajado en el pasado y por la cual siento un profundo aprecio. Era un cargo directivo y durante más de un mes presenté pruebas técnicas, sicológicas y de aptitud profesional. Había sido seleccionada y sólo faltaba un filtro: la publicación de mi nombre en la página de presidencia. En ese paso, “alguien político” se molestó y se opuso a que yo trabajara allí. Mi posición en redes sociales frente a quienes se opusieron al plebiscito por la paz, a la consulta anticorrupción y haber sido políticamente visible en el 2019, me pasó factura.

Haberme presentado a una entidad del gobierno, con sólo mi hoja de vida (Como siempre lo hago), mi pasión por la construcción de paz como respaldo y sin saber que el filtro no sólo era técnico (La ARN era de las pocas entidades que se podía llegar sin política) si no político fue un pecado de ingenuidad que asumí con frustración. Hoy aún me pregunto ¿quién alertó a ese congresista del Centro Democrático de Risaralda de la época para que se opusiera a mi nombramiento? 

Desde muy joven decreté que “nunca dependería de los políticos o de la política para conseguir trabajo”. Mi hoja de vida siempre fue mi respaldo y con ella había logrado obtener incluso posiciones en el sector público (En la ARN) sin necesidad de una recomendación política. Expresar públicamente los temas sociales y políticos que considero prioritarios para avanzar en la lucha contra la pobreza y la NO violencia nunca había sido motivo de censura en mis aplicaciones laborales. 

“Sigo causas y no personas”, es otra de mis consignas y es mi respuesta cada vez que me intentan encasillar en uno de esos grupos caudillistas con comités de aplausos que tanto me molestan. Seguir con convicción las causas de la paz, la educación, la lucha contra la corrupción, la protección del medio ambiente, la equidad para las mujeres y  la seguridad hacen que tenga claro dónde quiero y donde no quiero estar. Para finalizar, una última reflexión: Hacer política independiente es el camino más difícil y solitario. El costo es alto … pero da satisfacción. La satisfacción de saber que la ética, la libertad y la coherencia guían el camino recorrido y por recorrer.

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