21 C
Pereira
martes, julio 23, 2024

El colonialismo vive

Es tendencia

- Advertisement -

Víctor Zuluaga Gómez

Columnista

Decía en una de las anteriores columnas que el concepto estético que impera entre nosotros, sigue teniendo la impronta del europeo que impuso su lengua, sus creencias y costumbre, al mismo tiempo que despreciaba y denigraba de la cultura de los afros y los amerindios.

En el campo de la salud, obviamente que este fenómeno se ve reflejado en el menosprecio que se tiene de las prácticas chamánicas y la fitoterapia, por considerarlas herencia de salvajes.

Quiero referirme especialmente a la importancia que tiene el conocimiento de las prácticas que tienen los indígenas y la población afro, en el caso de Colombia, para que los tratamientos de la medicina Occidental puedan ser más eficaces.

En el caso de los indígenas de Risaralda, los Embera-Chamí, su concepción ancestral deja claro que todas las enfermedades son producidas por espíritus malignos y los daños causados por ellos no es posible sanarlos si no se produce la expulsión de los mismos, es decir, de los espíritus, labor que realiza el jaibaná o médico tradicional.

Tuve una experiencia dolorosa cuando hace años visitaba el asentamiento indígena de Totumal en Belalcázar. Al llegar a realizar una reunión con la comunidad, alguien me dijo que Alberto, un líder indígena, se encontraba enfermo. Le dije que yo estaba dispuesto a llevarlo al Hospital de la Virginia, pero su respuesta me dejó desconcertado: “No, es que el jaibaná no está”. Y la creencia es que, si no se expulsa el espíritu, no tiene sentido tomar alguna medicina.

El problema es que resulta bien difícil, creer que una costumbre milenaria, pueda cambiar de la noche a la mañana, sino que debe ser el resultado de un proceso educativo, de diálogo, de intercambio de saberes.

Cuando digo intercambio de saberes me refiero, por ejemplo, al hecho que las curaciones que realiza en jaibaná, las hace con el enfermo, su familia y sus amigos, porque consideran que cuando hay apoyo grupal, la energía se incrementa para su pronta recuperación.

De allí que un jaibaná como Mario Restrepo Siágama me dijera en alguna ocasión: “Mire Vítor, cuando a uno le traen un enfermo, lo primero que hay que hacer es sacar el espíritu que está haciendo el daño. Eso es lo más importante, porque después de eso, se dan algunas plantas medicinales para que cure los daños que causó el espíritu. Pero eso último, sí lo pude hacer hasta un médico de Universidad”.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -