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lunes, julio 15, 2024

El civismo pereirano

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Mañana se lleva a cabo en nuestra ciudad un importante evento que ha sido presentado como «el primer foro de cultura ciudadana». A propósito —y queriendo ser oportuno— propongo una reflexión sobre tres conceptos que tienen aristas comunes, se entrelazan y hasta se confunden en el imaginario colectivo: cultura ciudadana, pereiranidad y civismo. Sobre este último es preciso reconocer que es muy perceptible un creciente interés en la sociedad actual por volver sobre él e intentar recuperar el carácter de «ciudad cívica de Colombia» que nos identificó por muchos años, llenó de profundo orgullo y sirvió de acicate para enfrentar las dificultades del crecimiento. 

Para darle fuerza a este propósito es necesario precisar con exactitud lo que significa el concepto de civismo. Sabemos que fue valuarte imprescindible del desarrollo de la ciudad, muy especialmente en el siglo XX. Los historiadores han considerado que las más grandes gestas cívicas de nuestra historia han sido el Aeropuerto Matecaña, el Hospital San Jorge y la Villa olímpica, tres íconos que tienen claras y evidentes similitudes: en todas ellas participó casi toda la sociedad pereirana sin distinciónes de clase, raza, credo, ni capacidad económica y fueron gestas que padecieron la ausencia casi total de recursos por parte del gobierno nacional e incluso del gobierno territorial del departamento de Caldas, al que pertenecía entonces la ciudad. Hugo Ángel Jaramillo en su libro «Pereira, proceso histórico de un grupo étnico colombiano» señala dos gestas cívicas adicionales de similar importancia: la construcción de la primera Casa Municipal y de la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza. En ambas surgió un extraordinario ímpetu comunal para enfrentar los retos de manera asociada. No solamente se trabajaba sin remuneración alguna sino que los habitantes de la naciente villa aportaban grandes donaciones en especie y en dinero para garantizar el éxito de estas empresas.

Con todas estas hazañas afloraron actitudes y comportamientos que fueron moldeando la idiosincacia pereirana. Refugio liberal en épocas de guerras intestinas le dieron a la ciudad un carácter abierto que abrazaba —sin miramientos— a quienes se aventuraban a vivir en ella. A las colonias fundadoras caucanas y antioqueñas se sumaron muchas otras de diversos orígenes y de lejanas tierras extranjeras. La ciudad se apropió entonces del concepto «aquí no hay forasteros, todos somos pereiranos», carácter que se acentuó con los años. En próxima entrega ampliaré las implicaciones políticas, sociales y económicas que esta realidad nos trajo.

Capítulo importante — y necesario para esta reflexión sobre el significado de civismo— es el de la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, una empresa privada y sin ánimo de lucro que nació de la mancomunada solidaridad entre el gobierno municipal y los empresarios particulares. Con ella se fabricó una excepcional herramienta de desarrollo que adelantó vías urbanas, carreteras intermunicipales, parques, el zoológico, el estadio de fútbol y muchas obras más. Sin embargo, en los años finales del siglo pasado esa armonía se rompió y la nueva Constitución de 1991 clavó su puñal al prohibir que entidades privadas manejaran recursos públicos. En las últimas décadas se ha hecho evidente un contundente divorcio entre estos —y muchos más— estamentos ciudadanos, circunstancia que amerita también otra reflexión adicional para entender la crisis del civismo pereirano. En otra columna abordaré también este tema.

Adicionalmente, otros elementos de la modernidad y nuevas visiones administrativas han atentado contra la figura del civismo al violentar algunas de las características de la idiosincracia de nuestras gentes como son la solidaridad y la tolerancia. Las juntas de acción comunal y muchas otras organizaciones sociales son cadáveres ambulantes que sobreviven solamente por afanes politiqueros afectados entre otros por ánimos disgregacionistas implícitos en conceptos como la estratificación socioeconómica. Continuará …

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