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lunes, julio 15, 2024

El civismo pereirano – 2 –

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Fue todo un éxito el Primer Foro de Cultura Ciudadana que se llevó a cabo la semana pasada en el hotel Movich, no solo por la magnífica asistencia sino por la calidad de las presentaciones y por la generalizada sensación del resurgimiento de los valores y virtudes que nos acompañaron en las primeras décadas del siglo pasado y que los pereiranos queremos recuperar.

Aprendimos de las experiencias exitosas que otras ciudades han tenido al enfrentar sus más graves problemas sociales, de sus metodologías y sus particularidades. Nos quedaron ejemplos para imitar, retos enormes para emprender y la certeza de que la cultura ciudadana solo se obtiene a partir de procesos educativos construidos conjuntamente entre lo privado y lo público. Sin el gobierno todo será esteril y por fortuna hay eco en la actual administración de la ciudad para acometer esta tarea.

La cultura ciudadana es el sinónimo moderno de la «urbanidad» que nos enseñaron y que practicamos durante la juventud de la ciudad. Se trata del comportamiento que todos debemos tener para vivir en armonía, de la forma en que lo enseñamos a nuestros jóvenes y niños y también de la manera en que —entre todos— enfrentamos las actitudes anómalas. Se refiere a la manera como actuamos y nos interrelacionamos, a los modales y a la ética. Es innegable que todo se centra en la educación, la que se da en las escuelas y colegios y la que imparten los padres de familia en sus casas. Elevar la calidad de los maestros será siempre la primera estrategia y educar a los papás otra no menos importante. Y no se puede negar que si nuestros gobernantes son deshonestos envían un mensaje desastroso a los ciudadanos. Combatir la corrupción será entonces otro pilar fundamental en la tarea de crear cultura ciudadana.

Pero tambíen es necesario recuperar el civismo que no es lo mismo que la cultura del comportamiento. El civismo implica desprendimiento y solidaridad. Es una actitud que la sociedad asume frente a los grandes retos. Es el trabajo conjunto, sin distinciones de raza, credo o condición económica. Es dar de lo que se tiene para que la ciudad avance. Es generosidad y filantropía. Adelantar un proyecto con ánimo de lucro —o con cierre financiero como dicen ahora los empresarios— no es por sí solo un ejercicio de civismo. Manejar bien una empresa pública o privada con resultados exitosos o reconocidos tampoco es un ejercicio cívico. Ambos merecen el aplauso y el reconocimiento ciudadano pero no son ejemplos de desprendimiento. El civismo está en dar más allá de lo que es obligación. Pagar impuestos no significa civismo. Asociarse para trabajar y buscar sinergias que le ayuden a los más necesitados sí lo es. 

Apreciar la diferencia entre estos dos conceptos, cultura y civismo, es fudamental para emprender bien la tarea. Necesitamos de ambos valores pero requieren estrategias diferentes. Dedicaré el tiempo que me quede para hacer parte de colectivos que propendan por estas dos metas y por consolidar una tercera que es la «pereiranidad». Este valor, en construcción, es el nombre que le damos al espíritu superior que guía nuestro proceder. Cuando hablamos de los paisas nos referimos a una forma de ser más que a un comportamiento. Algo así como el alma de la sociedad. Igual si hablamos de los costeños, de los rolos, de los santandereanos. Es la huella digital que nos define, que dice cómo somos, qué pensamos y cómo actuamos. Somos gente de mente abierta, librepensadores, acogedores, atentos, alegres, tolerantes y solidarios. Esos son valores que debemos cultivar y consolidar.

Aquí tenemos entonces una misma meta pero tres estrategias diferentes. ¡Manos a la obra!

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