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martes, julio 23, 2024

El café como integrador de la región

Es tendencia

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Ramiro Tabares Idárraga
Columnista

Una de las primeras exportaciones de importancia del país, tiene que ver con el café. Es de reconocer que la vocación exportadora del territorio es muy corta  y solo plantas medicinales, maderas, cueros y algunas especias, y pare de contar. Solo el renglón de los minerales ocupa  el  liderazgo que hoy  conserva cuatro siglos después. Esta realidad, balancea la economía, pero es mortal con el medio ambiente.

A finales del siglo XIX en la  Antioquia de montañas y laderas, se da el cultivo del grano a gran escala, lo que implica movilización de mano de obra y crecimiento de sub renglones como la ganadería y  los cultivos de pan coger como maíz, frijol, papa y yuca. También hay crecimiento de las artes y oficios, ya que se necesitaban ebanistas, talabarteros, sastres y hasta curanderos. La arriería crece y se fortalece ya que es la única manera de sacar la producción de esas zonas agrestes hasta los nacientes municipios y ciudades como Medellín, Manizales y Pereira. Aunque todos los caminos conducen a Buenaventura, esto se logra con la construcción del tren del Pacífico, el cual dinamiza el comercio, facilitando las comunicaciones desde Medellín y mejorando la vocación exportadora del país.

Luis Eduardo Nieto Arteta en varios de sus ensayos se refiere al café como el motor de la economía, donde altera todo lo que toque. Valoriza tierras, desplaza colonos y campesinos, hay aumento de la población, construcción de vías y puentes, y hasta le alcanza para fundar hostales y tabernas, donde pernoctan los arrieros y sus recuas de mulas para ser atendidos por damiselas en esas frías noches de guaros, tabaco y bambucos.  La revolución industrial, llega tarde, pero impacta una economía con escasa vocación exportadora.

Como el negocio crece, es necesario organizar una entidad y se  crea la Federación de cafeteros, lo mismo que bancos y entidades financieras y cooperativas  para el sector. Las divisas alcanzan para construir escuelas, carreteras  centros de salud y comprar la flota mercante que luego quebraron y se la robaron los de siempre. La bonanza cafetera dio para todos, menos para los actores principales, los pequeños cafeteros, colonos y jornales. Con la apertura económica y los TLC se aniquila la producción nacional, y la suerte de la caficultura es incierta a pesar de los altos precios en los mercados internacionales. Hay buen precio, pero no hay café.

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