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jueves, abril 25, 2024

El bochinche de los ediles

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El alboroto Constitucional de 1991, fabricó participación directa al ciudadano. Que se interesara por lo público, que incidiera en sus propías decisiones, desde un diálogo constructivo.

Su intervención en vivo, sin intermediarios en sus decisiones. 

Pero de manera curiosa e irrespetuosa, ciertos alcaldes en Pereira, fueron corriendo la cerca para convertirlos en mensajeros, en apéndices, en sus mariscales de pacotilla con sustrato en la politiquería,  y otras arandelas, muchos de ellos, estrujados por su papel de nuevos soberanos. 

De supremos del territorio ( a propósito, por estos días se realizó otro nuevo aniversario – ya oculto en el tiempo – de la elección popular de alcaldes, que vaya, merece un debate y muchas correcciones) con coronas de plastilina que ellos mismos moldearon.

Cómo me gustaría ver hoy dentro de ese enfoque, al ciudadano gastando su capacidad cierta para ejercer su poder primario en los cabildos abiertos, en las iniciativas legislativas, en consultas populares, en otros elementos con el poder del voto.

Pero algo pasa: que comunas se queden sin ediles. Que las votaciones exiguas sean suplantadas por domésticas y débil presencia en su territorio. A ello agréguele, hastío,  desconfianza descreímiento muchas veces, en ese liderazgo que ejercen – muchos de ellos – para su hábiles intereses y repartijas que para el bienestar general, comunitario o social.

Hay fractura en muchas comunas, porque el papel de muchos ediles,  va contra las propias acciones que generan.

No es extraño, ahora, ver cómo el poder de quienes ejercen esos liderazgos barriales, cercanos, legítimos, se esconden en mezquinas alianzas de pesados egos que no inflan propuestas sino que disparan en la construcción de vida colectiva en ese acercamiento llamado participación del pueblo.  

Por el contrario, mantienen en crisis sus privilegios. Una anestesia alterada en la que tienen la oportunidad de incidir. Hay  cadáveres de cosas  que se comen a la organización. Hoy cada quien, en el aprendizaje de muchos concejales, se creen dueños de la parcela. Emperadores pequeños con metas dispersas. Existe, pues, una peligrosa migración democrártica, suplantada con otros intereses  que han alterado la convivencia y roto la presencia barrial.

Ya no hay control social, mucho menos político. Hay una estampida de saberes canjeados al amparo de silencios. Hay crisis en  los mecanismos de participación. La ciudadanía, incrédula, no interviene. Cada día se aisla de procesos que ligan comités comunales,  juntas vecinales.

Por eso es menester que los Ediles, revisen sus conductas y den ejemplo probo que la ciudadanía los acata y respeta y que no es – por el contrario – el bazar inútil de la democracia, que se juega a diario en el casino miserable de la politiquería. El llamado, pues, es por una sola organización de EDILES.

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