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jueves, junio 20, 2024

“EL ARTISTA”

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Por: Neverg Londoño Arias

En la Pereira de los años sesenta las familias aún eran numerosas por costumbre y por “voluntad divina”. Existían las madres de tiempo completo y dedicación exclusiva, “amas de casa” con una carga de trabajo consistente en cuidar y atender  hijos, marido y labores del hogar. Muchos padres ejercían como “maestros de obra” habilitados para construir desde una zanja de desagüe hasta una casa monumental de dos plantas en ferroconcreto, guadua, tapia y bahareque. Por sana tradición los hijos al alcanzar la mayoría de edad heredaban los oficios y adquirían la responsabilidad de participar en el sostenimiento de la familia. 

Los muchachos de entonces exploraban en tantas cosas  que al final terminaban acomodados en una actividad laboral afín a sus habilidades. Los menos afortunados procuraban buscar suerte en otro país.  El deporte no tenía la connotación de estos tiempos y era de difícil padrinazgo. 

Ulises Botero Correa, estudiante de bachillerato aficionado al boxeo, era un excelente dibujante y alternaba ambas actividades. Hijo de Ramón Elías un maestro de obra y Edith una eficiente ama da casa; logró despertar la admiración de los compañeros de colegio por la publicación en la prensa de un dibujo de “Lamparilla”, un célebre bandolero de la época de la violencia.  La admiración hacia el dibujante creció cuando años después se le vio en carteles publicitarios que llamaban a presenciar los combates  de “El Artista”, un joven boxeador pereirano inscrito en la división “Pluma”. 

Entre el primer combate profesional en el ring de la Plaza de Toros “La Santamaría” de Bogotá contra Germán Gastelbondo (Julio19-1963); sus combates en México; la pelea fallida por el campeonato mundial en Japón contra Hiroshi Konayashi (Julio 21-1968); hasta el último encuentro contra Al Meza (Octubre 31-1968) en el Olympic Auditorium de Los Ángeles; transcurrió una historia deportiva de 32 combates, 214 rounds. Momentos de gloria que entregó a Pereira y  al deporte colombiano.

Aferrado a su persistente deseo de triunfar, ganarle por nocaut a la adversidad fue muy alentador, porque en ese escenario los asaltos eran más duraderos y los golpes bajos tan contundentes, como dolorosos. Ulises Botero logró hacer realidad golpe a golpe sus propios sueños de construir familia y cumplir su compromiso con la vida. 

Dedicado a las labores de diseño, dibujo, publicidad y joyería asumió su retiro de los cuadriláteros para compartir “el reposo del guerrero” con los suyos, recordando victorias efímeras, derrotas que enseñaron y logros tallados desde la fe, la esperanza y el amor por sí mismo.  

 

 

 

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