El Antifrágil y la evidencia de su lógica

Por Julián Cárdenas Correa

En lo personal muchas cosas me han sorprendido producto del fuerte terremoto que asoló la ciudad el pasado 10 de agosto, pero una de las que más ha llamado mi atención, es ver un video de cómo un colegio en Dosquebradas se cayó. Un colegio de dos pisos que según muchos, no tiene ni dos años de terminado.

 

¿Por qué ha llamado mi atención?  Pues porque ese tipo de infraestructura, reciente, sí o sí, tiene que cumplir con la Norma de Sismo Resistencia 2010 (NSR10), norma que, además, para infraestructura educativa es incluso más exigente.

 

Esa “curiosidad” de ese edificio de ese colegio terminará, con investigaciones, incluso penales.

 

Este caso, como otros miles de los que van dando cuenta las estadísticas, ha traído a mi memoria, de nuevo, el libro Antifrágil, de Nasim Taleb; libro sobre el que he escrito en este espacio muchas veces.

 

El concepto de Antifrágil, que puede ser un poco confuso, se refiere a aquellos sucesos, seres vivos, características y un sinfín de situaciones, en las que la adversidad no hace daño, sino que hace más fuerte a quien recibe esa fuerza de la adversidad. Algo del tipo “Lo que no me mata me fortalece”.

 

El ejemplo más claro es el de Mitridates. Este rey (100 A.C. aprox) que todos los días consumía pequeñas dosis de veneno para hacerse inmune a los intentos de envenenamiento… y lo logró. De ahí que un ejemplo de Antifragilidad lo represente precisamente el mitridatismo.

 

Aunque el concepto no es precisamente el de robustez (para Taleb robusto es algo que resiste, mientras que lo antifrágil se alimenta de la adversidad), el de algo muy resistente al daño, cuando he tenido la oportunidad de dictar charlas al respecto, uno de los ejemplos que pongo es el de la NSR10. Y mi argumento es sencillo:

 

Si bien las estadísticas y análisis de probabilidades nos dicen que un sismo de grandes proporciones se presenta, en promedio, cada 200 años (Así lo sugiere la legislación europea por ejemplo para aseguradoras), es evidente que Pereira, con los sismos de 1995, 1999 y 2026, no puede tomar con mucha confianza ese dato. De ahí que cobre relevancia el concepto de antifragilidad.

 

La gestión de riesgos, que pretende pensar en todos los riesgos que pueden presentarse, y elaborar un plan, se queda corta contra eventos del tipo “terremoto 2026”. Lo mejor, lo más eficiente, es simplemente pensar en lo peor que puede pasar, y ese peor es definitivamente un sismo de 7.4 grados.

 

La mejor gestión de riesgos que pueden hacer los constructores es hacer edificios que no se caigan. No es hacer un plan por si colapsa el edificio, es, insisto, pensar en lo más antifrágil que pueda construirse y, sencillamente, hacerlo.

 

Seguramente con el pasar de los meses y los años, volveremos a relajarnos con el tema sísmico y las preocupaciones de siempre retornarán. De ahí que normas como la NSR10 y posteriores que tengamos, siempre deberán ir in crescendo en cuanto a la exigencia.

 

Lo mejor no es pensar que la primera línea de defensa sean los cuerpos de bomberos y, en general, organismos de socorro preparados para terremotos. Lo ideal es tener construcciones que resistan. Es sencillo. Costoso pero sencillo…

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