19.8 C
Pereira
miércoles, julio 24, 2024

Ecocidios de lesa humanidad

Es tendencia

- Advertisement -

Gonzalo H. Vallejo A.
Columnista
400 organizaciones de 60 países que conforman la Red de Atención con Plaguicidas, “PAN Internacional” (“Pesticide Action Network”), acordaron con la OMS, destinar el 3 de diciembre de cada año, para celebrar el Día Mundial del No Uso de Plaguicidas en memoria de las víctimas de la tragedia de Bhopal (1984), sucedida en un poblado de la India. Allí, murieron 20 mil personas en una semana y 500 mil resultaron envenenadas como consecuencia del escape de un gas mortífero (isocianato de metilo), en una fábrica de pesticidas de la empresa estadounidense Unión Carbide. Ante otros cuatro desastres ocurridos, las organizaciones ambientalistas internacionales han venido denunciado su alta peligrosidad: la agrotoxicidad, el daño ambiental y el desequilibrio eco – socio – sistémico generados. En veinte años, de 30 millones de litros, se ha pasado a utilizar 340.

Uno de los 25 libros de divulgación científica más influyentes del planeta fue el de Rachel Carson (“La primavera silenciosa”, 1962)). En él se denunciaban los abusos de la industria química U.S.A. y el impacto letal del DDT y los pesticidas sobre los ecosistemas. Su aparición desató una ola de indignación contra el uso de las armas químicas en el Sudeste Asiático, una de ellas, el Agente Naranja, herbicida defoliante, cancerígeno y degenerativo que afectó a 5 millones de vietnamitas y a miles de soldados estadounidenses en aquella execrable e ingrata guerra. Carson es considerada como la precursora del movimiento ecologista. Hoy evocamos otra obra suya: “El sentido del asombro” (1965). Allí afirma que la naturaleza siempre nos da un testimonio ejemplar de resiliencia cuando nos garantiza que el amanecer llegará después de la noche y la primavera irrumpirá tras el duro invierno.

El 3 de diciembre de 1992 se produjo “el desastre de la Coruña”. El barco petrolero “Mar Egeo” vertió al naufragar, sobre 300 kilómetros de costa, 114 mil toneladas del letal crudo generando la muerte de 26 mil animales marinos y el desempleo a 4 mil pescadores. 10 años después, se hundió en la ribera gallega el “Prestige” ocasionando otra tragedia ecológica de igual magnitud. En 1979, se hundió en el Caribe el buque cisterna griego “Atlantic Empress” y 10 años después, el mundo contempló horrorizado el desastre en Alaska del Exxon Valdez. En el 2018 ocurrió el naufragio del navío petrolero panameño “Sanchi” en la costa iraní. Este negro expediente acumula desde 1960 más de 130 ecocidios por derrame de petróleo. Sólo en 12 de ellos, se vertieron al mar más de 1 millón de toneladas del crudo, una de las mayores dolencias de nuestro afligido planeta.

Al conmemorar estas efemérides del horror y otras más (Chernobyl, 1986 y Fukushima, 2011, entre otras), se vuelve recurrente una tarea que nos compete a todos: deconstruir los románticos y contemplativos postulados de nuestra educación ambiental que aparece disecada como esos odiosos álbumes de entomología que se exigían en la antediluviana escuela e ir tras la ingente y desafiante labor de “ambientalizar” la educación para no seguir perpetuando a través de un falso racionalismo, el falso y pedante sofisma de “estudiar” el mundo de lo natural que no ha sido otra cosa que “objetivarlo”, olvidando de manera intencional que todos formamos parte de él y que “todo lo que le pase a la tierra, le sucederá también a sus hijos”… Nuestro compromiso será púes, pasar del activismo voyerista y fisgoneador que nos dice el río está sucio, a la actividad formativa de limpiarlo.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -