Una historia ensangrentada

Alvaro Rodríguez H.

Columnista

En el último medio siglo Colombia ha estado ensangrentada. Hay un mapa de violencia espantoso. Asesinatos de todos los niveles y categorías ideológicas, que buscan ocultarse.

Tres meses y 120 muertes de líderes sociales, es de terror.

El fenómeno de la muerte arraigada a la historia nacional.

Periodistas -escriben de 155-, militares, policías,  pacifistas, ambientalistas, líderes sociales, religiosos-Monseñor Isaías Duarte Cancino-, políticos con los 11 diputados del Valle asesinados; indígenas, mujeres, magistrados, rama judicial,  los ex guerrilleros dejan su cuota mortal en el prontuario nacional.

2020 no es la excepción dentro del viacrucis nacional. La historia de Colombia está escrita con sangre. Con dolor y ruina.

Hay muchos patrones en esta serie de asesinatos. El capítulo del narcotráfico y sus consecuencias marcan territorio.

Paracos, grupos ilegales, guerrilla, fuerza pública, violaciones al derecho a la vida, drogas ilícitas, minería extractiva ilegal, asoman dentro de esos vestigios.

Galán, Gómez Hurtado, Bernardo Ossa, Pardo,  Lara, Parejo, Low Murtra, Pizarro León Gómez, candidatos presidenciales.

Los magnicidios no logran estremecer al ciudadano que parece perderse en una historia que no reconoce, que pareciese no decirles nada. Nos quedamos en la mera contabilidad de muertos que no le dice nada, tampoco, al parroquiano dentro de la turbiedad de la misma.

Los genocidios de la tragedia que se ve como paisaje propio de quien ve la realidad lejana. Sin ser de él. Que cree que nunca le va a llegar.

La derrota del Estado. Que no privilegia la vida, en estos tiempos del cólera. Y, gracias a una dirigencia dispersa que le ha faltado grandeza.

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