Terremoto hace 114 años

Otoniel Arango Collazos

Columnista

EL 25 de enero de 1999, la madre naturaleza sacudió al Eje Cafetero con una fuerza incontenible de 7.1 en la escala de Richter, debido a las edificaciones construidas sin aplicación de normas de sismo resistencia, que cedieron ante la violencia del movimiento telúrico. En tal sentido no podemos hablar de un desastre natural, sino de un desastre en la que la mano de hombre estuvo de por medio. Es un hecho público y notorio que cada cierto tiempo se presentan movimientos telúricos que deberíamos enfrentar con cierta suficiencia para reducir al máximo los desastres, pero se sigue construyendo en muchas partes, sin las más mínimas previsiones para resistir un sismo, muchas veces con el beneplácito del propio Estado como en el Plan de Vivienda San Daniel en Apía o el proyecto Terrazas de Monserrate en Santa Rosa de Cabal.

Pero fue en el año 1906 que se presentó un gran terremoto de 8,9 grados de magnitud y el 12 de diciembre de 1979, otro de 8,2. Ya pasaron 114 años desde que ocurrió ese gran sismo y desde 1999 se viene acumulando energía y es por lo tanto inevitable otro gran sismo en nuestra región.

La fricción y liberación de energía que genera el desplazamiento de la Placa Nazca por debajo de la Placa Suramericana, bajo territorio colombiano, es un peligro que se nos vuelve paisaje y no hacemos mucho al respecto, salvo algún simulacro.

Las autoridades, deberían permanecer en alerta y, sobre todo, tomar las medidas preventivas que reduzcan y/o eviten la pérdida de vidas humanas. La ciudadanía es corresponsable, pues según los lineamientos de la Ley 1523 de 2012, “La gestión del riesgo es responsabilidad de todas las autoridades y de los habitantes del territorio colombiano”. Agrega la Ley: “En cumplimiento de esta responsabilidad, las entidades públicas, privadas y comunitarias desarrollarán y ejecutarán los procesos de gestión del riesgo, entiéndase: conocimiento del riesgo, reducción del riesgo y manejo de desastres, en el marco de sus competencias, su ámbito de actuación y su jurisdicción, como componentes del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres. Por su parte, los habitantes del territorio nacional, corresponsables de la gestión del riesgo, actuarán con precaución, solidaridad, autoprotección, tanto en lo personal como en lo de sus bienes, y acatarán lo dispuesto por las autoridades”. No se trata de ser apocalíptico, ni ave de mal agüero; simplemente se trata de un recorderis, porque a veces lo urgente no deja ver a las autoridades lo importante. Un feliz día y mucha prosperidad.