Solo nos educamos viviendo

Walter Benavides Antia

Columnista

Estamos construyendo Planes de Desarrollo, municipales y departamentales 2020-2023. Es urgente entonces, intentar cambiar en algo la parte estratégica del sector educativo, hoy marcada por el activismo y el rechazo al cambio, pues la gobernabilidad de algunas variables como recursos financieros y docentes, no son del resorte de los alcaldes o gobernadores. Hablaba desde esta columna, de buscar la Calidad educativa, teniendo Pertinencia, entendida, como una educación en sintonía con las necesidades de la economía regional y local, y concluía que mientras no se trabaje de la mano de los Planes Regionales de Competitividad, y los Planes de Ciencia y Tecnología, de nada vale (a mediano y largo plazo) el gran esfuerzo que hacen alcaldes y gobernadores, para cofinanciar y mantener con Regalías, Vigencias Futuras, y hasta recursos propios, la serie de programas zanahoria  (Programa de Permanencia), como alimentación escolar (PAE), transporte escolar urbano y rural, seguros estudiantiles, etc. Pero poco o nada hablamos del papel protagónico de los docentes y su gran responsabilidad y compromiso para pretender hablar de un real cambio. Es por esto que para enriquecer el marco lógico del sector educativo, es necesario detenernos en el legado del pensador gringo, John Dewey (1859-1952), representante de una de las tantas escuelas pedagógicas, que hizo énfasis en sus escritos, de la importancia de la enseñanza, con participación activa de los estudiantes en las aulas de clase. Solo se llega al conocimiento (escribía), a través de la experiencia y la reflexión crítica del estudiante, una propuesta diferente a la que prevalecía en aquella época, basada en la Obediencia y la Memorización, variables convertidas hoy en nuestro medio, la primera en abuso de los derechos humanos, y la segunda, en desinterés generalizado en todos los temas. Su teoría aunque siguen teniendo críticos, es válidas para otros, y es necesario reconocerla. 1. La educación no prepara para la vida, la educación es la vida en sí misma. El niño solo se educa y aprende, viviendo, en el día a día, en los retos y tareas diarias de la cotidianidad. Es allí donde aprende. 2. La memoria de los primeros años (Primera infancia), es emotiva, más que intelectual y práctica, y en lo emotivo deberíamos trabajar más, donde la familia tiene un papel superlativo. 3. Más que conocimientos, hay que desarrollar en los niños capacidades. El ideal es que un niño con conocimientos interiorizados (entendidos), desarrolle capacidades intelectuales, que le permitan resolver problemas, y resuelva dificultades. 4. Se debe enseñar por la acción, por la experiencia. Si la educación, es la vida misma; el salón de clase, es la sociedad, donde pone a prueba lo que sabe.

A manera de conclusión. Estudiantes y docentes aprenden de la vida. Si el estudiante es el sujeto activo, es tarea del docente conectar los contenidos del currículum con los intereses de los estudiantes y el entorno territorial. El conocimiento no puede llegar desde afuera, de experiencias en otros territorios,  o ser transmitido sin verificarlo. El conocimiento debe ser la prueba ácida del estudiante, con la supervisión y guía del docente. Solo nos educamos, viviendo.

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