Regresan las fumigaciones

Alberto Zuluaga Trujillo

Columnista

En medio de la discusión por el posible regreso de la fumigación con el herbicida glifosato, el Gobierno presentó en días pasados el proyecto de decreto que reglamenta su uso, teniendo en cuenta el cumplimiento de los siete protocolos exigidos por la Corte Constitucional pues, sin desestimar la lucha contra este flagelo, la combinación de factores geográficos, comerciales y económicos han hecho que los cultivos aumenten en un 12 por ciento y la producción de cocaína pura en un 19. En el 2015 el gobierno Santos  suspendió las fumigaciones por mandato de la Corte Constitucional que evaluó la polémica suscitada a raíz de la publicación de una clasificación que en su momento realizó la Organización Mundial de la Salud (OMS), por medio de la Agencia para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), asegurando que este producto sería “probablemente cancerígeno para humanos”. Los herbicidas son productos químicos que se utilizan para el control y eliminación de indeseadas malezas, pudiendo ser totales o selectivos, dependiendo de su concentración y dosificación. En el entendido de que la Corte no prohibió de tajo su uso, sino que exigió la elaboración de estudios científicos sobre sus reales efectos en la salud humana y el medio ambiente, a más de poner en marcha protocolos claros para su aplicación y atención de quienes eventualmente se vean afectados por las aspersiones, es que el Gobierno Duque se apresta a reiniciar esta práctica como única manera posible de acabar con los narcocultivos siendo más efectivos en las medidas técnicas, precisando el área sobre la que caerá el herbicida y teniendo claro que los parques y las reservas naturales, al igual que los resguardos indígenas y los consejos comunitarios afro, cuerpos y cursos de agua y centros poblados, estarán exentos de estas fumigaciones. La tranquilidad que los colombianos anhelamos está en muchísima parte unida a este fenómeno, no obstante los procesos de paz con las Farc y los paramilitares pues, muchas regiones siguen sumidas en la violencia donde las mafias continúan protegiendo sus cultivos y laboratorios con minas antipersonas y ataques armados a la fuerza pública y a las poblaciones cercanas a sus dominios. Desde luego que las fumigaciones no bastan por sí solas pero sí es un mecanismo eficiente para combatir el poder del narcotráfico que es, en suma, uno de los más grandes dolores de cabeza que este o cualquier otro gobierno deba enfrentar. De ahí la importancia de la ayuda norteamericana, necesarísima e insustituible para el logro de dicho propósito que, si bien está estimulada por el alto consumo en dicho país, su culpabilidad no reconocida es, a través de la ayuda, una tácita aceptación de su indiscutible corresponsabilidad. Aceptando el informe de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) cuyo peritaje permitió revertir con fundamento técnico la tesis de que el glifosato es cancerígeno, causando de paso grave daño al país al amparar los cultivos ilícitos, se abre nuevamente la posibilidad real de combatir tan alarmante flagelo.

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