¿Qué pasó con San Mateo?

Víctor Zuluaga Gómez

Columnista

El proyecto que existe para el traslado del Batallón San Mateo a La Virginia, todo indica que ha quedado en suspenso. Luego de grandes discusiones, la cuestión se ha silenciado y eso de ninguna manera es positivo. Pensar en construir soluciones de viviendas en la proporción que se planteó por la administración, no deja de ser preocupante, cuando se tiene la posibilidad de realizar conexiones viales entre en el sentido Norte-Sur, que tanta falta le hacen a una ciudad que se ha desarrollado a lo largo del Otún y Consotá y que por lo mismo, ha sido bien difícil la construcción de vías que comuniquen el Norte con el Sur por la presencia de las cuencas fluviales. Digamos que estas nuevas vías permitirían un alivio a la congestionada movilidad vehicular.

 

Pero el otro aspecto, además de la movilidad vehicular, tiene que ver con la posibilidad de tener espacios de convivencia, de encuentro, que se necesitan hoy en día en las ciudades. Al respecto dice Manuel Saravia Madrigal:

 

“Habitar una región es sentir, asumir, valorar la presencia de las comunidades que la pueblan. Lo que significa, en primer lugar, el derecho a un hábitat comunal. Pero el arte de habitar no sólo crea espacios interiores. También fue siempre y en todas partes habitable el espacio situado más allá de nuestros umbrales. Aún hoy, en los países cálidos, la mayoría de la gente se pasa una buena parte de su vida en la calle. Este espacio habitable fuera del propio hogar son las zonas comunales, lugares que sirven a muchos grupos y a cuyo uso de todos tenemos derecho, aunque sólo en la forma comúnmente reconocida por la comunidad.”

 

Pero podría añadir que no se trata solamente de crear esos espacios comunales para ser usados como se hacía antiguamente, es decir, para “estar” sino que es necesario realizar ofertas a los niños a los jóvenes y por supuesto, a los adultos. Me refiero a espacios para aprender a tocar un instrumento musical, para dibujar, para hacer deportes y en fin, una serie de actividades que si bien implican inversiones económicas, también es cierto que ellos son bien rentables porque ello se traduce en un alejarse del consumo de estupefacientes, de llevar una vida saludable, pero por sobre todo, de estar en contacto con el “otro”, de compartir, de convivir, que tanta falta nos hace.