Pregunta: ¿El cambio continúa?

Luis García Quiroga
Columnista

Sería perverso apostarle al fracaso del mandato del alcalde Maya. Ni siquiera sus opositores, tan pereiranos como él, están pensando en esa opción; sencillamente porque ser pereirano es querer lo mejor para Pereira.

Es cosa loca seguir hablando del sexo de los ángeles mientras la ciudad vive una coyuntura jalonada por la crisis de movilidad, falta de planeación en grandes proyectos viales fase tres, deterioro de la calidad del aire, de la calidad de vida y escasez de dinero para obras de modernización vial, renovación urbana y cultura ciudadana que la ciudad reclama.

Es urgente atacar el desempleo juvenil (los datos del Dane son chimbos);  frenar la enorme informalidad laboral que se tomó las calles de Pereira y la ola de delincuencia. En la cárcel, la UPV y el comando de Policía ya no cabe un preso más, síntoma evidente de la crisis social que vivimos.

El cambio es una puerta que se abre desde adentro. Pero no solo desde dentro del gobierno local. También desde dentro de nosotros, los ciudadanos.

Con la columna del ex alcalde Ernesto Zuluaga ya somos más de dos los que pedimos al alcalde Maya que haga el cambio desde adentro. Que aquí afuera la gente está lista para doblar la página y mirar el horizonte. Si el alcalde tiene la real intención de cambiar, no debería existir interés diferente que el de ser solidario con la ciudad donde amamos, dormimos, soñamos y queremos morir.

A un asesor político del alcalde le probé que el cálculo político ya no funciona: Maya sacó la mitad de los votos de Gallo. Su opositor igual cantidad que Israel contra Gallo. Y entre Alejandro García, Adriana López, Botero y el resto,  están los 60 mil votos que le faltaron a Maya, la mayoría de ellos estratos medios y altos (o sea, los “agradecidos beneficiarios” de la valorización). Los estratos bajos estaban exonerados por el Acuerdo del Concejo. Las cifras son tozudas.

Se impone pues una tónica de grandeza. Además rápido, antes de la calentura la otra campaña para Alcaldía. Gestos cívicos y solidarios. O sea, un espíritu concomitante de voluntad de cambio y de solidaridad ciudadana. Lo contrario sería mezquindad inadmisible tanto del gobernante como de los gobernados.

Más allá de alcaldes y empresarios, se necesitan liderazgos por encima de los partidos antes de que el panorama se ponga más gris; porque mientras nos agobia la incertidumbre, el vecindario nos toma ventaja en competitividad.

Atreverse a cambiar el rumbo, a leer a tiempo los momentos y las oportunidades para dar el timonazo, es virtud clave en los verdaderos liderazgos capaces de convocar a la transformación y aprovechar lo mejor que tiene Pereira: sus ciudadanos solidarios. No todo es cálculo político. Está probado.