Por un Plan Educativo Regional

Walter Benavides Antia

Columnista

Qué bueno que tengamos RAP, pero que malo que a estas alturas, no muestre planes de trabajo necesarios, fuera de las repetidas reuniones de Gobernadores o de secretarios de Planeación con el Director, con el único propósito de tomarse una foto, sabiendo que hay temas prioritarios que hay que trabajar en conjunto, como es, un Plan Educativo Regional.

A nivel teórico, pareciera que la educación es la llave del progreso y la condición necesaria para el desarrollo. Regiones y ciudades del mundo, que vivieron en el pasado situaciones peores o similares a la nuestra, tomaron decisiones en educación, que los llevaron a mostrar en el mediano plazo, cambios estructurales en sus economías, en sus vocaciones productivas, en sus modelos de ocupación del territorio, en sus hábitos y costumbres, mostrando al final mejores indicadores sociales y económicos. Nos hablan de Finlandia en Europa, de Singapur en Asia, y en cultura ciudadana y trabajo en la primera infancia, del Japón. Eran países en desarrollo, que sufrieron guerras, y vivían de la agricultura. Hoy después de 80 años, figuran en los primeros lugares del ranking de competitividad, tienen la corrupción controlada y castigada, bajas tasas de desempleo, educación para el trabajo y el mayor número de científicos per cápita del mundo. Pero soñar no vale nada. Hay que dar el cambio. Hoy algunos indicadores de educación de los departamentos del Viejo Caldas, son un ejemplo a seguir por otros departamentos, con menos desarrollo. Pero los programas exitosos deberíamos importarlos. Nuestra economía sigue teniendo como soporte el café,  pero esa dependencia ha llevado a redescubrir la vocación de nuestros territorios. Caldas habla de ser el motor educativo, Risaralda, en ser la capital del eje, (en lo comercial y en venta de servicios), y Quindío, sigue apostando por el turismo. Hoy nuestra región está de moda. Tiene identidad nacional, un moderado y sostenido crecimiento económico, un importante despertar cultural, una importante integración social, una importante oferta de educación superior y un progreso sostenido. Pero hay un detalle que debemos resaltar. En los últimos planes de desarrollo departamentales y el de sus capitales, se conserva la Educación (así no se demuestre luego con programas y proyectos), como eje transversal, propósito con fundamento en la cultura, la salud, el deporte  y el emprendimiento. Pero debemos insistir. La educación, permite revitalizar el territorio, cambiar paradigmas, impulsar nuevas culturas, mentalidades y comportamientos, adoptar nuevas fortalezas locales, crear fuentes de trabajo y generar más empleo productivo, pero sigue faltado la integración.

A manera de conclusión: Solo la integración permitirá con la educación un cambio cualitativo del eje cafetero. Pero más educación no significa necesariamente menos corrupción, ni más empleo. Debemos preguntarnos. ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Cómo está la educación en la primera infancia? Y la más importante ¿Están preparados los docentes para la nueva educación que se necesita?

antia53@gmail.com