Pereira en blanco y negro

Amparo Bustamante Osorio

Columnista

Y se apagaron luces y sonidos que fueron los protagonistas de las fiestas navideñas; se desmontan aquí y allá todas esas extensas instalaciones de las luminarias propias de tales celebraciones, y con ello pareciera recobrarse el ambiente de cotidianidad en lo laboral, en lo administrativo, en lo académico y aún en lo religioso.

Tornan los colores “blanco y negro” a decirnos que pese a todos esos ruidosos festejos los cuales brindan el escaparse de las realidades rutinarias del año que termina, nos pintan el clásico cuadro  de que todo esto que se ha vivido es solo un paso más del tiempo hacia la verdad absoluta; este se acabará y la eternidad absorberá esta dimensión. No se precisa filosofar sobre estos aspectos, sino que veamos el retrato en blanco y negro de lo que es la certeza material y espiritual que pesa sobre ese montón de luces multicolores que engalanaron calles, plazas, parques, centros comerciales y a más de una casa familiar.

Y es en esa época  donde también se marca la finalización de etapas de estudio, coronando propósitos y logros académicos que continúan girando en las cabezas en los siguientes meses, generando inventarios que dan como resultado una economía en apariencia reactivada; pero todo esto con su alegre luminosidad, donde se gastan energía suficiente para dar luz y calor a muchos hogares que por lo menos en los 365 días del 2020  no tendrán, porque el trabajo que en blanco y negro hay para hacer, no alcanza para dar una calidad de vida más humana, más amable y por sobre todo no se cumplen las expectativas de una ciudad metropolitana en un mundo cada vez más oscuro, así se llene de las galas con espectaculares alumbrados que se quieran encender para sustraer el ánimo de las gentes a pensar que todo va de mejor a optimizar todos los renglones de la existencia terrena.

Es preciso despertar una conciencia de reflexión  para un manejo de calidad sensato de este llamado tiempo festivo para no perder el horizonte, que cada vez se  ve más en tinieblas, aunque se desplieguen tan bonitas y ornamentales luces, que buscan que el turismo calme la ausencia de las fatigosas luchas del programa completo de que todo lo que se vio, se vivió y se sintió sí sirvió para no evadir la realidad de colores, sabores y olores imponderables, de asuntos sin atender ni concluir, y se diga que es tiempo de paz, felicidad y prosperidad.

Son hermosos todos los colores, pero el principio y el fin de la gama de ellos son los que fijan la pauta de los seres que somos de carne, hueso, voluntad, mente y espíritu, tipo y sombra de lo positivo y lo negativo, de lo visible y lo invisible.

Gracias al blanco y negro que me dice que hay Verdad y que hay Mentira en un conjugado de matices insospechados.