Pensando en voz alta

Jaime Bedoya
Columnista

*”Somos una brizna de hierba en las manos de Dios”. Este bello texto que parece bíblico, pero se atribuye a Laureano Gómez- vea pues, cómo el Mostruo, así lo llamaron, produjo una gran sentencia sobre la humildad-, es una buena partida para reflexionar alrededor del temible virus que nos azota y sobre el destino incierto de la humanidad. Empecemos por definir PANDEMIA: Del griego pan, todo, y demos pueblo. Un mal que golpea a toda la humanidad.

 

Tanta capacidad intelectual: viajes al espacio interestelar; grandes construcciones de ingeniería: gigantes rascacielos, viaductos enormes como el famoso MILLAU, levantado al sur de Francia; túneles por debajo del mar; aviones para ochocientas personas, producción en el desierto lograda por el laborioso pueblo de Israel; vacunas. Enumerar el ascenso de la humanidad sería interminable. Sin embargo, un invisible virus, nos somete sin piedad. Tanta soberbia pero en un abrir y cerrar de ojos, podemos estar, sin quererlo, durmiendo el sueño eterno, como definieron la muerte los franceses.

 

Calma es el llamado. De esta saldremos airosos. La humanidad ha pasado por peores trances: La peste negra del Medioevo, mató más de la tercera parte de la población de Europa y no había por entonces los recursos de que disponemos hoy día. Aunque los investigadores no se aventuran por una teoría específica sobre el origen de esa pandemia, muchos creen que fue la misma sífilis la encargada de semejante castigo y también como ahora,  generada en Oriente y trasplantada a Europa por los mercaderes viajeros que en los puertos dejaban el germen. Qué Asia tan intrusa, ¿no? El pueblo azteca fue diezmado por otra epidemia que mató quince millones de personas, antes de la llegada de los conquistadores. Más recientemente, en la segunda década del siglo XX, en España, una gripe mató trescientas mil personas y entre cuarenta y cien millones en toda la tierra. A Colombia también la “acarició” con una cifra muy alta, tres mil personas fallecidas.

 

No es un castigo de Dios. Si así fuera,  por qué lo envió a troche y moche. Tampoco se supera rezando, sino con acciones lógicas.

 

Fuerza, Colombia y fuerza Humanidad, que saldremos, no ilesos, pero sí fortalecidos, si sacamos a flote la solidaridad y el amor. Nada más importante en esta hora crucial que ser solidarios y amorosos con el prójimo. Como dice san Pablo, al final de todo, lo único que prevalece será el amor.