Pensando en voz alta

Jaime Bedoya
Columnista

*Todos los años, pero se acentúa más cada cuatro con el cambio de autoridades, la educación estatal sufre un golpe mortal en su proceso de cualificación. Ya llevamos más de un mes de haberse iniciado las clases y los establecimientos están funcionando a media marcha: Faltan funcionarios, transporte y alimentación, por lo que el sindicato acudió a una figura un poco exótica que denominó ANORMALIDAD ACADÉMICA, consiste más o menos en que sí, pero no. Es decir, estamos trabajando, pero a media marcha; de tal manera que los estudiantes van un rato al colegio y luego licenciados porque los docentes salen a gritar los estribillos suficientemente conocidos. Por los lados de la gobernación el panorama es el mismo o peor puesto que los municipios padecen idéntico mal. Qué vainas, hombre. Parece que no hay salidas. Cómo es posible que la administración saliente no prevea algo tan sencillo y eche a andar las licitaciones de rigor y haga forme los contratos del personal necesario para que la comunidad educativa encuentre su colegio a plenitud desde el primer día de clases. Hay asignaturas que empiezan después de uno o dos meses de iniciadas las clases. Así qué alumnos del sector podrán competir con los egresados de colegios privados, que no sólo trabajan desde el primer día de clases, sino que se extienden a toda la tarde. Súmele a este escenario: el desinterés de muchos padres de familia por la educación de sus hijos, la desintegración familiar, el hambre que hay en muchas familias, el hacinamiento en los salones, la cantidad de permisos que piden los docentes, la asistencia a actividades sindicales en tiempo de los estudiantes, dizque porque es un derecho- que ejercen cabalgado sobres los derechos de los estudiantes, cosa que es antiética- y por supuesto, la falta de preparación y de compromiso de muchos  educadores y de tantos directivos, completa el panorama desastroso.

A propósito, licenciar estudiantes después de haber llegado al colegio, es una bomba de tiempo que más temprano que tarde revienta y pagará la alcaldía y secretaría de educación. Ya ocurrió en Pereira, con el caso Garavito por un niño que sacaron  durante la jornada escolar, por cualquier bagatela. En el camino lo agarró el depravado y lo mató. La alcaldía pagó y repitió contra las autoridades del plantel.