Pensando en voz alta

Jaime Bedoya
Columnista

*Nada bueno eternizarse en el gobierno porque tarde o temprano la gente se cansa. El presidente Morales llevaba 14 años y se presentó al quinto mandato, que ganado cuestionadamente  tuvo que abandonar  por los levantamientos populares -serán castro-chavistas- y “sugerencia” de los militares. En 200 años de independencia, más de 150 golpes militares, los cuales, con pocas excepciones  como  el de Juan  José Torres, buscaban preservar el statu quo, ante cualquier intento de socavar el poderío blanco y mestizo en un país de indígenas. En  2014  propuso la sucesión en cabeza de Álvaro García, su vice, quien manifestó que la consolidación del Estado Plurinacional, requería aún la presencia de un aborigen en la presidencia y nadie más indicado que Morales. Así, una buena intención se volvió en contra del proceso mismo con los resultados que hoy tenemos. En todas partes los grupos económicos al verse desplazados maquinan la recuperación del poder; tal pasó en Colombia con Rojas cuando los dos partidos tradicionales se dieron cuenta que el militar, deseaba permanecer en el palacio  para consolidar su obra de gran aceptación popular. En el 70 lo despojaron  con fuerza y engaño. Entonces armaron la trinca para sacarlo. Trajeron a colación la muerte de los estudiantes en Cali. Acción reprochable sí, pero insignificante frente a los muertos y los horrores que había dejado la violencia iniciada por el partido conservador  y que el liberalismo, al dejarse provocar, repitió sin vergüenza y con olvido de sus grandes derroteros filosóficos. Malo eternizarse en el poder; pero en Colombia no pararon bolas al referendo anticorrupción que prohibía más de tres periodos consecutivos; ni les pareció obsceno que Uribe, con engaños, buscara la reelección y más. Seguramente se robaron las elecciones en Bolivia, en el suspendido conteo. Aquí, el chiquito Lleras, con los conservadores las sisó para el inepto Pastrana y nada pasó. Cada tanto se las arrebatan descaradamente, con triquiñuelas y dinero que rompe la voluntad vulnerable del elector, con honrosas excepciones, por supuesto, y nada sucede. ¡Doble moral! 

**El presidente Duque debería exigir a los partidos que se opusieron a las curules de las víctimas que las cedan, pues trancar férreamente el acuerdo de paz, habría de traer consecuencias.

***El Pumarejo es obra de Santos, el más grande colombiano de todos los tiempos, no del oportunista Vargas Lleras.

Feliz Navidad.