No hay director de orquesta

Alberto Zuluaga Trujillo

Columnista

Preocupa la actitud complaciente con que  el presidente Duque tolera y permite el desparpajo y la verborrea de sus inmediatos colaboradores que exacerban el sentir de los colombianos.

 

El deplorable mensaje de condolencia expresado por el comandante del Ejército General Zapateiro dado a la familia de uno de los más grandes asesinos de la historia colombiana como lo fue Popeye que, entre otras muchas  víctimas lo fueron militares y miembros de la Policía Nacional es, a más de una vergüenza, un insulto a quienes sufrieron las consecuencias  de su tenebroso pasado.

 

De ahí, la carta valerosa que el senador pereirano radicado en Medellín Iván Marulanda Gómez le hiciera llegar al Presidente: “Su funcionario ignora que los compatriotas, a quienes agravió con su cinismo, fueron asesinados por los políticos y sicarios confabulados para destruir la democracia y que, por la valentía y el sacrificio de aquellos mártires, quedan vestigios de civilización y esperanzas en este país”. Y agrega: «También ignora que hirió a las familias de las víctimas en su honor y en su dolor, el honor de la nación y el honor de la institución que usted le encomendó.

 

Considero al señor Zapateiro indigno del cargo y mientras esté a su lado, sentiré que sobre usted recae el peso de esa misma indignidad». Más clara y contundente es imposible. Es la expresión sentida de un colombiano que representando a la nación manifiesta su extrañeza ante el silencio mantenido por el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, frente a las dolorosas declaraciones de su subalterno. Pero nada que hacer. Este ha sido su proceder desde que asumió como Presidente de los colombianos.

 

Al exministro Botero le permitió todas sus sandeces como cuando refiriéndose al orden público en Puerto Carreño dijo que los robos en el departamento correspondían en su mayoría a “ropa extendida en cuerdas para secarse”. Sus continuas salidas en falso lo obligaron a renunciar antes de conocerse la votación en el Senado sobre la moción de censura. Recientemente la ministra de Ciencia y Tecnología, Mabel Torres, bióloga científica, desató fuerte polémica por sus declaraciones al decir que ha tratado pacientes con cáncer sin cumplir con la rigurosidad que obliga la ciencia, al hacerlo apegada a la “ancestralidad”.

 

Entre otras muchas críticas hubo pronunciamientos de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame). Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, fue el responsable de la expulsión de Colombia de la Red Internacional de Sitios de Conciencia, al no contestar a esa entidad una carta enviada cuatro meses atrás, e insistir en la no existencia entre nosotros de un conflicto interno.

 

En julio pasado el ministro Carrasquilla refiriéndose al desempleo dijo: “En el Gobierno aún no sabemos que sucede ni cómo combatirlo”. Hassan Nassar,  Consejero para las comunicaciones, se trenzó en vulgar pelea al aire con Vicky Dávila, cuál de los dos más desencajado. En fin, una serie de estupideces que lo que hacen es atornillarlos en los puestos, sin que el mandamás musite palabra alguna. Cada músico con su partitura sin que exista director de orquesta.

alzutru45@hotmail.com