Niveles de democracia, un camino requerido

* Lloyd H Morris M
Columnista

La historia sobre la creación, desarrollo y sostenimiento de la democracia es extensa, ya que se puede tener un horizonte de tiempo para su análisis de por lo menos dos mil años. En tal sentido, desde la diversidad de definiciones, teorías y realidades que abordan la democracia, se genera un especial interés en la medición de los sistemas, para conocer su nivel de democracia. Por tal razón, se tienen en manifiesto algunas pautas básicas como: la elección de poderes, la existencia de más de un competidor en la contienda electoral y el principio de alternabilidad del poder, bajo algunas características que deben estar presentes en estados realmente democráticos: elecciones libres y justas, el sufragio universal, la aprobación de las políticas gubernamentales en dependencia de los resultados electorales, el derecho de los ciudadanos en ser candidatos, la libertad de expresión e información y la libertad de asociación, entre otros aspectos de un sistema democrático.   

Muchas de los estudios que miden el nivel de democracia utilizan una escala que va desde -10 hasta 10, en donde -10 representa la valoración de gobiernos con autocracia y +10 la valoración en gobiernos con mayor avance democrático, generándose algunos intervalos que para el caso de países con un nivel de democracia aceptable, deben ponderar mínimo +6 hasta +9 puntos. Es así como en la última década países como EEUU, Canadá y Chile han logrado una ponderación de +10, mientras que países como Colombia, Brasil, Perú y Uruguay han logrado una ponderación entre +6 y 9 puntos, mientras que en caso de Venezuela la calificación obtenida  (entre 0 y -5) lleva a afirmar sobre la existencia de un régimen político definido por una anocracia cerrada o el caso de Cuba que posee una calificación inferior a -6 puntos, por ser un sistema autocrático.

Se puede afirmar que no existe una democracia perfecta pero en utilidad de los procesos de democratización es imprescindible realizar mediciones permanentes con énfasis en aspectos de relevancia económica, social y cultural que den muestra sobre los niveles de consolidación democrática en procesos de modernización (en 1950, 31,35% de la población mundial vivía bajo gobiernos democráticos, en 2015 asciende a 55,78%), de tal forma que se pueda verificar cuál es el impacto y el beneficio real a la sociedad, ya que existen claras convicciones en caminos requeridos sobre: mayor proporción de países ricos con altos niveles de democracia en comparación a países pobres, evidentes transiciones por la necesidad de procesos de maduración democráticos, y favorecimiento de culturas afianzadas en principios democráticos que dan la posibilidad de avances políticos con altos niveles de confianza y que procuran cambios graduales en bien de la sociedad.

*Docente Universidad Católica de Pereira