Mujer y poesía en Ernesto Cardenal

Neverg Londoño Arias
Columnista

“Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido: Yo porque tú eras lo que yo más amaba; y tú porque yo era el que te amaba más. Pero de nosotros dos tu pierdes más que yo: porque yo podré amar a otros como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo”.

Ernesto Cardenal, poeta, sacerdote católico, teólogo, defensor de la Teología de la Liberación, académico y activista político, alentó “una revolución desprovista de venganza” y fundó una comunidad cristiana de pescadores y artistas en la isla del lago Cocibolca en Nicaragua. Fue separado del servicio sacerdotal “A divinis”, por parte de Juan Pablo II en represalia por su participación política, sus posiciones de izquierda y su obra poética. Sanción levantada en 2019 por el Papa Francisco.

Influenciado por Pablo Neruda, su obra encarna “el espíritu de lucha por el país amado y el amor por la poesía…” 

La mujer se hace poema, se hace oración.

“Señor: recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe, aunque ése no era su verdadero nombre (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar) y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje sin su Agente de Prensa sin fotógrafos y sin firmar autógrafos sola como un astronauta frente a la noche espacial…”

Versos que recuerdan el amor adolescente:

“Tú eres sola entre las multitudes como son sola la luna y solo el sol en el cielo. Ayer estabas en el estadio en medio de miles de gentes y te divisé desde que entré igual que si hubieras estado sola en un estadio vacío”.

“Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña. Los he escrito sencillos para que tú los entiendas. Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan, un día se divulgarán, tal vez por toda Hispanoamérica… Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias, otras soñarán con este amor que no fue para ellas…

El canto constante a mujeres y hombres del común en cualquier lugar del mundo:

“Aquí pasaba a pie por estas calles, sin empleo ni puesto y sin un peso. Sólo poetas, putas y picados conocieron sus versos. Nunca estuvo en el extranjero. Estuvo preso. Ahora está muerto. No tiene ningún monumento… Pero recordadle cuando tengáis puentes de concreto, grandes turbinas, tractores, plateados graneros, buenos gobiernos. Porque él purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo, en el que un día se escribirán los tratados de comercio, la Constitución, las cartas de amor, y los decretos”.