Miscelánea

James Cifuentes M.

Columnista

Dicen que la calle 21ª , que en otrora fue el acceso principal al centro de la ciudad, fue concebida como un gran bulevar desde la carrera 14, a la altura del Parque Olaya, que iría hasta la carrera tercera, pero que algunos propietarios, que licenciaron construcciones nuevas sin que se les impusieran los retiros correspondientes o que, habiéndoseles impuesto, las autoridades no se los hicieron cumplir, literalmente se atravesaron e impidieron que la iniciativa se terminara como estaba pensada y por esa razón es que esa calle monumental, se cierra abruptamente al llegar a la carrera séptima.

Dicen que el proyecto de deprimido o paso a desnivel y rotonda que exige la intersección de Corales, para que cumpla a cabalidad con la demanda de movilidad  del sector, no se pudo implementar, porque los costos que significaría la compra de los predios donde actualmente funcionan dos estaciones de servicio eran inmanejables, por su exorbitancia; que la aspiración de los propietarios podría ascender a los 35 mil millones de pesos, una friolera muy superior incluso al costo mismo de la solución vial con todos los juguetes, lo que hizo inviable una negociación y mucho más una expropiación.

Y entonces, se pregunta uno ¿Hasta dónde debe llegar o hasta dónde es razonable que prevalezca el interés general sobre el particular? ¿Es justo que la calle 21ª no haya desembocado con toda su amplitud original en la carrera 3ª, y que por culpa de eso hayamos frustrado un desarrollo distinto, más cómodo y de mayor calidad  para nuestro Centro? ¿Es admisible que la solución vial más importante para el suroccidente de Pereira, que dicho sea de paso, es la única zona de expansión de la ciudad, donde todo crece y se multiplica menos las vías, consista en una glorieta de mayores dimensiones que la actual, pero que a la larga se convierta en un nudo de carros más grande  y más difícil de cruzar?

La capacidad de anticiparnos a esos desafíos y la forma en que planeamos y ejecutamos las soluciones, nos definen como un pueblo grande o un pueblo chiquito, que avizora la ciudad para los próximos 50 años  o que no es capaz de ver más allá de sus narices.

Necesitamos más soñadores como Henry Carvajal, que ve autopistas y viaductos por todas partes y como Hernán Roberto Meneses, que se ha atrevido a imaginar un tren rápido que nos conecte con Cali en hora y media.

Alcalde y Gobierno Nacional, necesitamos a Cerritos surcada de avenidas por todos sus flancos, para que el progreso de Pereira no se detenga.