Más vale el ejemplo que el discurso

Víctor Zuluaga Gómez

Columnista03

Cualquier día al salir de casa, entré a mi vehículo y como solemos decir: “prendí el automático”, es decir, tomé la vía habitual para ir a un centro comercial, con tan mala suerte que ese día tenía pico y placa y entré a una vía en donde unos policías de tránsito, me entregaron la notica para el pago de la infracción. Pero opté por asistir a la charla que un agente de tránsito realiza con el fin de sensibilizar a quienes en determinado momento cometemos una infracción de tránsito.

 

Digamos que la exposición fue muy interesante, con ayudas audiovisuales y cifras actualizadas sobre los accidentes de tránsito.

 

Luego de su exposición, lo felicité por su capacidad comunicativa sobre el tema, pero le pregunté si ese mismo tipo de charlas las hacían con los agentes de tránsito y con la policía y el hombre se quedó mirándome con cierto desconcierto, pero entonces le recordé que es muy frecuente observar por las vías cómo, quienes deben dar ejemplo, son los primeros en burlar las normas.

 

También le pregunté si las charlas sobre la conducta de peatones y conductores de todo tipo de vehículo se realizaban en centros educativos y me respondió que tenían una enorme dificultad porque el presupuesto asignado a Tránsito no era suficiente para poder realizar una labor educativa con mayor cobertura.

 

Entonces le sugerí que bastaba con enviar a un agente de tránsito para que recorriera el trayecto por la carreta 7ª entre el parque El Lago y Turín y observara la cantidad de motos, automóviles y camiones que se parquean en los sitios en donde hay enormes señales diciendo que está prohibido el parqueo y además, lo hacen en una pequeña franja que está señalizada para que sólo circulen bicicletas. Si les colocan multas a ese tipo de infractores, los ingresos para el Instituto de Tránsito se triplican. Porque es lamentable la manera como se producen desacatos a las  normas, sin que haya ningún tipo de sanción al respecto.

 

Y por último, le planteé la inquietud acerca del cumplimiento por parte de los conductores de buses de las normas en cuanto a recoger y dejar pasajeros sólo en los sitios indicados para ello. Nadie se atreve a colocarles un comparendo, de tal manera que podríamos concluir que por un lado va el discurso  y por otro el ejemplo.