¡Las dos verdades de las chuzadas en Colombia!

Alvaro Ramírez González

Columnista

El espionaje ha sido desde siempre un arma muy eficaz de inteligencia que les ha producido muchos benéficos a los países que lo han ejercido.

La máxima expresión del espionaje se dio en la famosa Guerra Fría entre la Otan liderada por los Estados Unidos y la Cortina de hierro bajo la tutela de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS.

El ataque del 11 de septiembre a las torres gemelas de NY, es la obra maestra del terrorismo mundial, desde el fundamentalismo musulmán y Al Qaeda como unidad ejecutora. A partir de allí, el concepto de seguridad nacional cobró máxima importancia, no solo en los Estados Unidos sino en todos los países de la tierra.

Y fue la inteligencia, la tecnología y la vigilancia e intervención satelital la que facilitó que un comando SEAL de los Estados Unidos, diera de baja a Osama Bin Laden, el terrorista más buscado de la tierra y líder de Al Qaeda, en un suburbio de Islamabad Pakistán, después de cuatro años de búsqueda.  La intervención satelital es permitida en todos los países de la tierra, si está comprometida la seguridad nacional. Con esa eficaz herramienta se han frustrado en los últimos años con anticipación miles de atentados contra la humanidad.

En Colombia esta intervención, en la privacidad de las personas o instituciones, es permitida pero con unos requisitos tan complicados y peligrosos, que desdibujan la efectividad de las chuzadas como se denomina esta actividad en este país.

Para hacer una chuzada en Colombia hay que pedir permisos y vincular Instituciones como la Fiscalía que muchas veces ha estado comprada por la misma delincuencia que se está combatiendo. De tiempo atrás las FFMM, vienen utilizando esta efectiva herramienta tecnológica en la lucha contra el terrorismo.

Gracias a esas chuzadas cayeron jefes terroristas como Martín Caballero en los Montes de María, el Negro Acacio en Cumaribo, Vichada, Raúl Reyes en la frontera ecuatoriana, el Mono Jojoy en la Serranía de la Macarena y Alfonso Cano en las montañas del Cauca.

Con esas mismas chuzadas, cayeron dados de baja recientemente Guacho, el asesino de los ecuatorianos y Dani, el mayor exportador de cocaína en el sur del país. Con una chuzada cayó por fin Pablo Escobar Gaviria, el delincuente más pavoroso de la época de los carteles de la droga.

Sin esa herramienta tecnológica y satelital que le permite al Estado meterse en la intimidad de una persona sin anuncio previo alguno, la lucha antiterrorista, hubiera sido imposible en el mundo y en Colombia.

La doble moral y la doble verdad sobre las chuzadas en Colombia es que no se van a terminar, no se pueden terminar. Ninguna otra herramienta puede igualarla en el combate y la anticipación a los actos delictivos y terroristas.

La izquierda tan cercana al terrorismo es la que más ruido hace, porque les ha hecho mucho daño. Miles de laboratorios y caletas de armas y dinero así como refugios de delincuentes han caído por una chuzada.

Esa seguridad nacional en Colombia no solo es atacada por terroristas armados; también hay políticos, periodistas y empresarios disfrazados que trabajan para desestabilizar desde adentro las Instituciones. Debo confesar que después de investigar sobre la vigilancia y la intervención satelital en la privacidad de personas e instituciones, por razones de seguridad nacional, la entiendo y naturalmente la justifico. Esa privacidad ha sido desde siempre el escondijo de delincuentes y terroristas.

Ese derecho a la privacidad no puede ser obstáculo válido para las autoridades, cuanto se enfrente a situaciones de seguridad nacional. Así como el bien común está por encima de cualquier beneficio particular, la seguridad nacional tiene que estar por encima de la privacidad personal o Institucional. ¡Ya no tengo duda!

alragonz@yahoo.es