La vuelta a la ciudad

Lisandro René López Martínez

Columnista

Según varias investigaciones, por décadas imperó en Colombia y desde luego en Pereira, el modelo urbanístico de inspiración norteamericana, donde “los ricos” y sus automóviles se iban a vivir a barrios «modernos» en las afueras, dejando al centro de las ciudades como el sitio en donde vivían “los pobres”. El predominio del automóvil y la aparición de una sociedad de consumo que prometía el sueño de una casa amplia rodeada de jardines privados hicieron que “los ricos latinoamericanos” “huyeran” en buena parte de los centros históricos de sus ciudades. Hoy se produce el fenómeno contrario. La gente desea regresar al centro.

El arquitecto español, Iñaki Avalos, quien dirigió el Departamento de Arquitectura de la Universidad de Harvard,  afirma: “los centros han sido objeto de dos agresiones muy grandes: una es la facilidad para la especulación urbana que se sitúa en el puro negocio inmobiliario y la otra agresión ha sido el automóvil, la dictadura del automóvil. La vuelta a la ciudad es un fenómeno que ha habido que apoyarlo con iniciativas públicas, inversiones públicas y privadas también, que si se hacen de una manera hábil, funcionan muy bien”.

El mayor desafío para el sector público será entonces resolver este problema de coordinación y lograr que los actores privados del desarrollo urbano (inversores inmobiliarios, propietarios, empresas, organizaciones de la sociedad civil, familias demandantes de viviendas, consumidores) entren en un círculo virtuoso que ponga todo el suelo urbanizado disponible en las mejores condiciones.

Para ello, el gobierno municipal “tendrá que generar un entorno que atraiga a familias y empresas a instalarse en las áreas centrales desencadenando procesos autosostenidos de recuperación de activos inmobiliarios y desarrollo de terrenos baldíos.” afirma  el arquitecto urbanista colombiano Eduardo Rojas. Para el docente  y escritor colombiano José Guillermo Ángel, “el centro debe ser un lugar que convoque, que le permita al  ciudadano llevar a cabo actividades para relajarse: comer, ver un espectáculo o caminar. Con un alto flujo vehicular, se afecta el comercio, lo urbanístico se deteriora y la inseguridad aumenta”.