La última Cuadra

Carlos Vicente Sánchez

Columnista

Recuerdo que el año pasado hubo una enorme movilización de adeptos a La Cuadra, uno de los más permanentes e importantes eventos culturales de la ciudad, ante la amenaza de que, por falta de recursos, esta se cerraría por siempre, logrando que se aumentara los rubros dentro del Plan de Estímulos a proyectos de mayor trayectoria. Aun así, estos dineros resultaron ser insuficientes y el jueves pasado, cuando se celebraban los 20 años de La Cuadra, asistimos al anuncio de una muerte anunciada que ya no nos cogió tan de sorpresa. Entonces lo entendí todo.

No se trata del desgaste de sus gestores, o la falta de presupuesto, (aunque este sea el factor más determinante) o la partida del vecindario del fundador Chucho Calle, sino de la inevitable transformación del evento en otra cosa que exige nuevos retos económicos y conceptuales para los que no estaban preparados sus gestores, ni sus amigos, incluyéndome.

Por más tiempo que un proyecto tenga, se debe renunciar cada tanto al mismo solo para ver cómo se reinventa. Quizás se deba retornar a los orígenes, a veces no se necesita crecer tanto, sino fortalecer la edificación, basta con mantener la esencia fundacional de las cosas. La Cuadra, tal cual era en sus principios; un grupo de amigos que, a falta de salas de exposición, abrieron sus garajes para mostrar sus obras y acercarnos al arte, terminó convertido en un enorme y desgastante aparataje de gestión, cuya demanda los sobrepasó y asfixió. Me gusta asfixiar, porque eso siente uno cuando intenta encontrar espacios de respiración en medio de semejante convocatoria que logra este evento exitoso.

Demanda cultural hay en Pereira, es evidente. Oferta igual. Pero no infraestructura con todo lo que esto implica. Los Corredores Culturales en Pereira son insuficientes, y ante este final predecible, el mensaje es claro: se requiere consolidar corredores culturales activos, vitales y acogedores en Pereira y esto exige recursos técnicos, administrativos, logísticos y por supuesto económicos. El gobierno, las empresas privadas y la ciudad debemos apuntar a consolidarlos, porque talento y oferta brota, contenidos también, calidad sobra, y la demanda es impresionante. Por ejemplo; esa sola noche vendí 17 libros míos, (quién lo iba a creer) negocié dos eventos del Bibliobús, y no alcanzo a imaginar lo que otros han logrado en veinte años dentro de un espacio de encuentro como este. Pereira es un epicentro potencial cultural y La Cuadra, como siempre, nos lo demostró.  Qué bueno sería una sistematización de sus logros y aprendizajes.

Este ha sido el proyecto cultural de vanguardia más importante que se ha hecho en la ciudad, ha impulsado generaciones completas de artistas, ha tenido réplicas de sus eventos en Dosquebradas, el centro, Armenia, e incluso una “Escuadra”, pero ninguna de estas otras iniciativas tuvo la fortaleza de resistir veinte años con el mismo ímpetu, nivel y sacrificio de sus promotores originales. Pueda que pasen muchos años para que resurja, pueda que aparezca con otro nombre, pero nadie olvidará La Cuadra, ni a sus protagonistas, que nos regalaron una brújula de colores que debemos cuidar y convertir ahora en una red.