La incógnita del hombre

Padre Pacho

Columnista

Alexis Carrel, premio nobel de medicina, hablando en su obra, “La incógnita del hombre”, frente al misterio que reposa en el fondo de cada uno de nosotros, no lleva a partir de su análisis existencial a comprender como el hombre tiene un borde de misterio y una hondura de trascendencia; nos enseña que vivir no es transcurrir por el mundo, un querer algo más, en lo terreno y más allá de lo terreno.

La Sagrada Escritura en mucho pasaje se pregunta: ¿Quién entenderá el corazón del hombre? La gran pregunta que puede hacerse todo aquel que mire con atención las incoherencias y desgarrones íntimos de la vida propia o ajena.

La Constitución “Gaudium et Spes” escrita hace 60 años lo expresa de manera precisa y elocuente cuando declara que el género humano se halla actualmente en una nueva era de su historia, caracterizada por rápidos y profundos cambios que progresivamente se extienden al mundo entero.

Debidos a la inteligencia y a la actividad creadora del hombre, recaen luego sobre éste, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre su modo de pensar y obrar, tanto sobre los hombres como sobre las cosas.

Como sucede en toda crisis de crecimiento, esta transformación lleva consigo no leves dificultades. El hombre extiende en grandes proporciones su poderío, aunque no siempre logra someterlo a su servicio. Pero, cuando trata de penetrar en el conocimiento más íntimo de su propio espíritu, con frecuencia aparece aún más inseguro de sí mismo.

Nunca el género humano tuvo a disposición suya tantas riquezas, tantas posibilidades y tanto poder económico. Sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre aún hambre y miseria, mientras inmensas multitudes no saben leer ni escribir. Nunca como hoy ha tenido el hombre sentido tan agudo de su libertad, más al mismo tiempo surgen nuevas formas de esclavitud social y psíquica. Mientras el mundo siente tan claro su propia unidad y la mutua interdependencia de todos en una ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido en direcciones opuestas, a causa de fuerzas que luchan entre sí: de hecho, subsisten todavía muy graves las diferencias políticas, sociales, económicas, raciales e ideológicas; y ni siquiera ha desaparecido el peligro de una guerra que está llamada a aniquilarlo todo.

Lo más contradictorio es que, mientras con todo ahínco se busca un ordenamiento temporal más perfecto, no se avanza paralelamente en el progreso espiritual.