La historia al revés

Alberto Zuluaga Trujillo

Columnista

En mi escrito del 23 de diciembre me quejé de la manera como la prensa  presenta las noticias y llamaba la atención sobre la forma selectiva y sesgada como informan, verbi gracia, al referirse a las marchas y anoté: “los cientos de policías heridos y linchados no cuentan, nada valen.

 

Las cámaras de los reporteros están ahí para probar sus supuestos desmanes”. En cumplimiento del Paro Nacional del 23 de noviembre y en medio de la arremetida violenta fue impactado en la cabeza Dilan Cruz, al parecer por un disparo del Escuadrón Móvil Anti Disturbios (Esmad).

 

Sus organizadores, ni cortos ni perezosos, vieron en el desenlace de los acontecimientos la motivación perfecta para incitar a los estudiantes a su solidaridad y con ellos a los inconformes con el actual estado de cosas. Con mensajes como “todos somos Dilan”, “no más Esmad” y “Dilan no murió, a Dilan lo mataron”, obtuvieron el respaldo necesario para continuar esta ola de protestas. Sin proponérselo, lograron el apoyo injustificado e inexplicable de una prensa capitalina que les ha venido haciendo coro presentando esta dolorosa muerte como un crimen de Estado y responsabilizando a la Policía Nacional.

 

Pues bien, cumplido otro mes de su  muerte, la prensa  una vez más detalló con minuciosidad el homenaje rendido a este joven marchante convertido en símbolo de la protesta, informando de “música en vivo, un pendón gigante con su rostro dibujado, carteles recordatorios y un pastor leyendo unas sentidas palabras”.

 

Como toda muerte, la suya fue un hecho lamentable que el país condenó. Al tiempo que Dilan moría, también en Bogotá y en el mismo escenario, Walfran Narváez, un patrullero de 27 años que encontró en la policía la manera de mantener a su esposa e hija de tres años perdía su ojo izquierdo a causa de una pedrada lanzada por los encapuchados.

 

Igual, 317 uniformados fueron heridos. ¿Por qué razón la muerte de Dilan cobra inusitada solidaridad  cuando la pérdida de un ojo y las heridas producidas a los más de trescientos policías, para la prensa? ¿nada significan? A Dilan lo registraron las cámaras devolviendo una bomba lacrimógena  a los agentes del orden; y bien documentado está que su comportamiento personal no era el mejor, debiendo días atrás ser internado en los Hogares Claret.

 

Igualmente, cuando tenía 12 años, a su padre lo mataron y su madre actualmente está recluida en el Buen Pastor de Cali. He ahí un hogar disfuncional de dOnde proviene Dilan, para que ahora la prensa nos lo  muestre como un chico bueno, deseoso de estudiar, asesinado por las fuerzas del orden. Es la historia al revés de lo que realmente sucede en Colombia. Su muerte duele al igual que el ojo perdido de Walfran y las heridas de nuestros abnegados policías.

 

A lo que debe llamar la prensa es a que la muerte de Dilan no sea en vano haciendo posible el entendimiento y la reconciliación. Los colombianos tenemos que entender que la violencia, del lado que sea, genera más violencia y que existen otras maneras válidas, como el diálogo para zanjar nuestras diferencias.

alzutru45@hotmail.com