La fuerza y vitalidad de un pueblo

Ramiro Tabares Idárraga
Columnista

Quinchía no la ha tenido fácil. A lo largo de su historia puede trazarse una línea del tiempo con avatares, atentados, asonadas; pero en cada uno de estos episodios este pueblo logra sobreponerse y salir adelante. Desde los tiempos de la conquista, en la colonia, durante la  época republicana, en la  hegemonía conservadora y hasta en el frente nacional los abuelos, cronistas y libros cuentan historias tristes y desoladoras de este noble pueblo; que siempre ha estado a la defensiva como lo dice el maestro Alfredo Cardona Tobón en sus numerosas obras.

Aún en tiempos modernos la historia tampoco es benévola ya que es tiempo de guerrilleros y grupos paramilitares, los cuales dejaron una marca trágica en el alma de cada quinchieño, y los ricos campos de valles y montañas están sembrados de cruces como testimonio de un pasado que todos quieren olvidar, pero que gravita en cada bello amanecer. Allí la enseñanza de la historia tiene como filosofía el reconocimiento de  la guerra, de la verdad,  y la reparación para no volver a repetir esas tribulaciones. 

Pero así como el pasado pesa; también es digno de reconocer los tiempos de paz, progreso y desarrollo que se viven en la actualidad.   Este fue uno de los pocos municipios que votó favorablemente el referendo por la paz y la reconciliación. Como es un pueblo que sí ha vivido la guerra en los patios y zaguanes, le juega a propuestas  de diálogo, negociación y reconciliación; donde privilegia la vida, bienes, identidades y la cultura de los pueblo sobrevivientes de la barbarie.   La guerra eterna es un di´slogo de perdedores. Culturas como la japonesa, coreana y otras han surgido de amargos periodos de conflicto y hoy son sociedades modernas, progresistas y cautelosas del ruido de sables. Es muy fácil desde los casinos de oficiales, centros comerciales y desde el cómodo sillón de su sala invocar y pedir una guerra que van a responder los hijos de campesinos, colonos, aparceros, mineros artesanales, desempleados  y demás estrato uno.

La gente de Quinchía, la villa de los cerros o perla del norte, votó masivamente el proyecto político Unidos Somos Más, y eligió bien a un alcalde  líder como Absalón Trejos Arias. Con su equipo de gobierno, el bloque del Concejo municipal y los líderes de veredas y sector urbano, se le ve trabajando de manera incansable porque las tareas y retos son muy altos. A solo dos meses de su mandato hay resultados porque su gestión por Pereira y Bogotá es constante. El sector turístico recoge los frutos de la paz. Cada día se ven nuevos proyectos dándole  valor agregado a las  tierras, generando empleo y tributos para unas empobrecidas arcas. La oferta turística, cultural y gastronómica de Quinchía, guarda relación con la majestuosidad de sus montañas, el verde de sus valles y sobre todo con la cultura e identidad de una raza, un pueblo que ha aprendido a vivir como iguales en la diferencia.

Aproveche la Semana Santa y visite Quinchía, a solo 95 kilómetros al norte de Pereira.