La expectativa de vida de los seres humanos

Ernesto Zuluaga

Columnista

Con frecuencia hablamos de la expectativa o esperanza promedio de vida de los seres humanos y se nos ha convertido en un factor de vital importancia para la definición de muchas reglas de convivencia hasta el punto en que todos los países del mundo se basan en ella para fijar algunas de sus normas, en especial las relacionadas con la jubilación. Pero no debemos confundir la “esperanza de vida” o “edad media” de la muerte con la “edad máxima” a que puede llegar la gente más longeva. Son dos cosas bien diferentes.

La longevidad “media” de los humanos no varió significativamente desde su aparición sobre la faz de la Tierra: el australopitecos que habitó África hace más de 4,4 millones de años y el Homo Sapiens europeo de hace 50.000 años han tenido una esperanza de vida similar que hasta los últimos 150 años no superaba los 35 años de edad. Tuvimos que esperar hasta el siglo XX para que se produjeran incrementos notables en la esperanza de vida al nacer cuando aparecieron mejoras importantes en la higiene y la salubridad, las vacunas y los antibióticos. El crecimiento fue vertiginoso hasta llegar a doblar aquella cifra. En 1955 el promedio mundial alcanzó los 45 años y ascendió a 68 en el 2010. Al 2020 ha llegado a los 79 años de edad y un reciente estudio, en Italia, sugiere que aún no hemos llegado al punto máximo promedio de la longevidad humana.

Pero una cosa es el “promedio” que se estima se estancará en los 90 años de edad y otra distinta el tope o límite de vida. Se sabe con certeza que desde el paleolítico la gente ya tenía la capacidad de llegar a una edad de 90 o 100 años, igual que ahora.  Sin embargo, el porcentaje de la población que podía hacerlo estaba condicionado a muchos factores. El récord actual de vida humana más larga se obtuvo hace un par de décadas cuando Jeanne Calment, una francesa, murió a la edad de 122 años. Nadie ha vivido más tiempo ni antes ni después hasta donde saben los científicos. Un estudio reciente de la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York concluye que la expectativa de vida tiene un límite natural pese a los avances científicos de la medicina y que no se extiende de su mano. Es casi imposible que alguien supere ese record. La verdad es que el ser humano siempre, desde la prehistoria, ha tenido el mismo límite de longevidad y que antes morir “viejo” era un privilegio de muy pocos y ahora simplemente es la “norma”.

En todos estos cambios hay consecuencias que es necesario analizar. No es cierto que se hayan hecho visibles enfermedades nuevas. Hoy, las principales causas de muerte son cáncer, diabetes, infartos e hipertensión y todas ellas ya existían desde siempre, simplemente muy poca gente llegaba a edades altas para desarrollarlas o no se conocían las causas de los decesos. Recientemente se descubrieron y bautizaron el Alzheimer y el Parkinson que también existían pero que, como había muy pocos “viejos”, no eran notorias.

En conclusión, a medida que aumentamos la expectativa de vida crecen también nuestros achaques. Mientras más viejos menos calidad de vida tenemos. ¿Hasta dónde vale la pena seguir aumentando la esperanza de vida? Va siendo claro que en “promedio” no viviremos más de 90 años aunque la medicina nos prometa algo distinto. Somos mortales, la hibernación no es más que una utopía y el elixir de la vida no existe. Disfrutemos ser la primera generación que alcanzó la más alta probabilidad de llegar al límite de la existencia humana.