La débil “justicia”

Jhon Jairo Oyola Cutiva
Columnista

La estrategia se va desenmascarando con el correr del tiempo. Negar, negar y negar, decir que es una persecución política y defender a los implicados, así estos sean culpados y condenados.

 

Pareciera como si fuera el libreto de una novela policiaca al mejor tenor de Hollywood, pero no, se trata de la misma historia que se va repitiendo en torno a un personaje que siempre sale incólume, a pesar de que siempre está untado. Hasta por allá no llega la justicia colombiana, solo llega hasta sus amigos cercanos, sus colaboradores, sus áulicos, sus funcionarios, nunca lo tocan a él. ¿Y la pregunta es cómo lo hace?

 

Pues bien, la justicia en este país ha demostrado que es muy dura con la gente del común, para los de la base, para la gente que no representa sino una simple estadística de positivos para la gestión del fiscal de turno, o para la gestión de la juez de turno. Para las personas que son simples ciudadanos, para ellos, eso de la imparcialidad de los jueces y de la aplicación de justicia por parte de estos, eso no pegó. Hay que demostrar resultados, hay que demostrar condenados, así la cárcel esté llena de inocentes; hay que demostrar acusados, así haya muchos casos por resolver, y hay que demostrar que algo se hace.

 

Es por eso que la tendencia del sistema penal acusatorio es siempre condenatoria; ahí no hay ningún asomo de la verdadera justicia, todo es una trama para condenar a los podres ciudadanos que caen en las garras del ente que acusa, y que intimida a los jueces porque las defensas no tienen garantías de la presunción de inocencia. La mentalidad de los funcionarios está en condenar, condenar y condenar. Mientras en el panorama nacional vemos la gran  politización de la justicia, en los estrados judiciales solo se ve la aplicación inequitativa de la misma.

 

Cuántos inocentes hay en la cárcel porque simplemente el juez creyó que no se le debe dar sustento a unas pruebas que indican que el acusado no lo hizo, pero que la fiscalía presenta el panorama más conveniente para condenar, y fácil, con una decisión que se soporta en solo indicios de razonamiento, llega ese juez y de un brochazo acaba con la vida de toda una familia.

 

¿Me pregunto por qué no han hecho lo mismo con ese personaje que ha embaucado a todos sus allegados, amigos y familiares en sendas condenas, pero que a él, no le ha llegado la tan anhelada “justicia”? Un sistema duro con el débil, y débil con el poderoso es lo que tenemos. Para los débiles ciudadanos, un indicio de duda, antes se resuelve en contra de ellos mismos. Pero para con los verdaderos criminales, un indicio de duda, es toda una garantía del derecho a la defensa. Y seguimos perplejos con esa impotencia que da, al presenciar una y otra vez la tragicomedia de nuestra realidad, en la que la justicia no es una garantía sino una víctima en la que ella misma se reclama.

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