La Colombia ininteligible

Alberto Zuluaga Trujillo

Columnista

Difícil entender un pueblo como el nuestro. Direccionando el descontento acumulado por años de promesas incumplidas y malos gobiernos, desde el Frente Nacional hasta los días presentes, las gentes resolvieron lanzarse a las calles contagiadas por esa ola de indignación  que igual protestan en Hong Kong, Líbano, Irak, Egipto, España, Francia, Reino Unido  y en América Latina, Brasil, Haití, Ecuador, Bolivia, Argentina, Venezuela, Chile y Colombia. Aunque por razones diferentes en todos estos países hay un malestar creciente con el sistema político y económico reinantes en donde una clase media en expansión no ha podido conciliar sus expectativas con la realidad y unos gobernantes soberbios  no han sabido interpretar el clamor nacional ni entender a las nuevas generaciones. Esta “Primavera Latinoamericana” es un llamado a la desobediencia civil que entre nosotros está estimulada por la desbordada corrupción política y la cual tiene dos caras de la misma moneda. La una, las marchas convocadas en distintas ciudades dentro de un ambiente de absoluta tranquilidad, y la otra, la infiltración de las mismas por la izquierda petrista que busca desestabilizar y crear el caos nacional. Aseverar, como algunos creen, que las marchas obedecen a Petro y al Foro de Sao Paulo, es cerrar los ojos ante la realidad de las mismas. De ellos es el vandalismo y los ataques a la Fuerza Pública. En la era digital, las redes sociales y los teléfonos inteligentes son las herramientas modernas para amplificar las voces y optimizar su organización. De ahí la importancia de la prensa tanto hablada como escrita para mantener informada a la opinión pública de manera veraz, sin sesgo alguno. Pero no, la prensa hoy, casi que sin excepción alguna, en vez de informar desinforma. Anteriormente, cuando un periódico o un noticiero señalaban una arbitrariedad o dolo, iban hasta el final exigiendo justicia y reparación. Hoy, lo que denuncian, mañana lo olvidan y pare de contar. Jorge Pretelt, expresidente de la Corte Constitucional y juzgado por concusión por la Corte Suprema de Justicia, después de 4 años en los que la prensa calló y se olvidó de su caso, acaba de ser condenado en primera instancia a seis años y medio de prisión, decisión que aún no se concretará hasta tanto no sea confirmada en segunda instancia ante la apelación que se encuentra en trámite. Igual ha sucedido con los ladrones de cuello blanco de quienes la prensa calla y olvida. En estas marchas de protestas llama poderosamente la atención la forma selectiva y sesgada como informan sobre ellas. Los cientos de policías heridos y linchados no cuentan, nada valen, como tampoco sus vidas. Las cámaras de los reporteros están ahí para probar los supuestos desmanes de la Fuerza Pública. Las acciones violentas de los Dylan Cruz enfrentado al Esmad al igual que Cristian Rodríguez, quien perdió un ojo, son responsabilidad de quienes defienden a los colombianos, no de quienes los enfrentan. Ahí sí, muy acuciosos y provocadores actúan nuestros medios informativos para señalar de asesinos, no a los vándalos, sino a quienes los contienen, que son el blanco de los violentos infiltrados.