Gracias Marmolejo

Padre Pacho

Columnista

Aquello que predicaste, hoy lo has empezado a vivir, tú Pascua, la vida de Dios en plenitud, la de los bienaventurados que sin ver siempre creyeron y hoy llegan al cielo.

 

Todo un legado que dejaste, porque no te guardaste nada; gruñón y cascarrabias, con un amor sin condición, una fe inquebrantable, tiquete de primera clase, que te ha llevado al lugar de los santos, la casa de tus ancestros, de tus mascotas, y de tus mejores recuerdos.   

 

Enseñaste con tu vida, que hogar viene de hoguera, que en familia es donde el amor empieza y a la vez nunca termina; contador público, sin pasar por la academia; narrador apasionado de las vueltas a Colombia; sin títulos teológicos, gran pedagogo en las Santas Escrituras; testigo de la fe, navegando siempre, mar adentro, en la nueva evangelización.

 

Hoy más que nunca tus más cercanos te recuerdan, con tus gatos como tus mejores aliados, tu chispa e inteligencia, cargado de humor y chistes flojos; tu puntualidad, y lealtad, para con tus amigos del alma, los de toda la vida, los nuevos a los que quisiste como los de siempre.

 

Como lo recordara una de tus nietas en el sepelio: el abuelo, con su memoria aguda e historias repetidas; tus días de silencio que decían más que una amonestación; el tío divertido, el cuñado solidario, narrador, contador y evangelizador. Siempre agradecido, por el amor de sus hijos, volviendo a ser Papá en cada uno de sus nietos, bisabuelo que nunca dejó de ser niño. El de la grandeza y entereza, el profesional de la vida. Esposo prolijo, siempre romántico, con sus noches de boleros, haciendo de todo encuentro la mejor de las citas, con su esposa a quien brindó calor y felicidad, en su hogar querido. Amante de la vida, cuidador del más indefenso de los seres vivientes. En todos sus roles, hombre intachable, correcto y coherente.

 

Gracias Marmolejo, por ayudarnos a saborear la biblia, a conocer a Dios, a dar nuestros primeros pasos en el camino de la nueva evangelización; gracias hermano, por compartir por muchos años, un madrugón, en el día del Señor, cuando despertábamos al eje cafetero, con la “Oración desnuda” de radio reloj, gracias hermano gruñón, el Señor desde el cielo hoy te entrega un gran galardón, para los que, como tú, se entregaron por amor.