Felicidad no es la ausencia de problemas

Walter Benavides Antia

Columnista

Se define problema como, “cuestión discutible que hay que resolver o a la que se busca una explicación”, o también, “cuestión que se plantea para hallar un dato desconocido a partir de otros datos conocidos, o para determinar el método que hay que seguir para obtener un resultado dado”. Vivimos en un mundo donde la realidad supera la ficción. Hoy nos hablan de mundos paralelos, mundos espejo, materia negativa, agujeros negros, y hasta se pone en duda el que haya ocurrido alguna vez el bing bang. Reflexiones que nacen al cuestionar nuestro rol en este mundo, como personas y como ciudadanos, y pasarnos la vida solucionando “problemas”, pequeños y grandes dependiendo a quien o quienes perjudicamos con nuestro proceder. Nos pasamos la vida, creyendo ser los directos responsables de los problemas de las personas de nuestro entorno (la familia). Nos pasamos la vida con la idea, de eliminar o atenuar problemas, pues atentan contra lo que se ha denominado felicidad.

 

Una cosa parecida le sucede a nuestros gobernantes y legisladores. Cada cuatro años, buscan que sus Planes de Gobierno, traducidos en metas en los Planes de Desarrollo, “solucionen los problemas que aquejan la sociedad a la que representan”, logrando con ello, el bien común, brindando bienestar a la comunidad. Pero en la realidad, no lo consiguen ni ellos, ni la comunidad, porque sencillamente, nos equivocamos en el método de “identificación de los problemas”, (tarea que exige, un poco más que sentido común y talleres), por lo que terminan las administraciones solucionando, es “problemas de personas, de gremios o colectivos”, haciéndonos creer, que con ello, se han solucionado problemas de la sociedad.

 

Esa es la vida, la nuestra y la de nuestros gobernantes y sus equipos, cada uno por su lado, creyendo poseer la lista mágica priorizada de problemas, para en la medida de contar con los recursos y voluntades políticas, ir uno a uno, borrándolos de la lista. Dicen mis maestros rojos (para diferenciarlos de los azules, y que no corresponden a colores políticos), que hay cuatro caminos para la llegar a la verdad (felicidad), entendida ésta como la solución de los problemas (la realidad). Dos caminos tangibles: la ciencia y la filosofía. Dos intangibles: la religión y el arte. Cualquiera que escojamos, (nos enseñan), nos llevarán a conocer y entender la verdad (la realidad).

 

De entrada, en la construcción de los próximos Planes de Desarrollo, no deben quedar descartados los caminos de la religión y el arte, y menos la ciencia y la filosofía, todos con su música, que son las matemáticas, las que a través de fórmulas nos presentan la realidad a través de modelos de ocupación, ecuaciones y especialmente algoritmos, de gran ayuda para entender muchos fenómenos de la cotidianidad.

 

A manera de conclusión: Pero se olvida que la felicidad (verdad) no es la “ausencia de problemas”, y que en esta corta vida no la alcanzaremos. Es la habilidad nuestra y de gobernantes, disminuyéndolos o atenuándolos, tratar de convivir con ellos. Por eso la felicidad hay que construirla, paso a paso, día a día, con esfuerzo y sin perder el norte, utilizando como herramienta la planificación. 

antia53@gmail.com