Felices pero desconfiados

Adriana Vallejo

Columnista

La última encuesta mundial de valores para Colombia muestra cambios en la cultura de los colombianos. El estudio no sólo mide varias variables relacionadas con el capital social del país, sino también permite comparar los datos del año pasado con la primera medición, realizada en el año 1995, es decir, se puede analizar la evolución en el tiempo de la percepción de los ciudadanos.

 

El estudio muestra como el mejoramiento en las condiciones socioeconómicas de la población ha generado cambios culturales. La clase media ha tenido un crecimiento importante en Colombia,  simultáneamente, ha aumentado el sentimiento de felicidad y de orgullo. El 89,4 por ciento de los colombianos se considera feliz, porcentaje superior al registrado en 1995 que era del 84,3 por ciento. El 80 por ciento se siente orgulloso de ser colombiano. En una escala de 1 a 10, los colombianos califican su nivel de satisfacción con la vida con un 8,16, es decir, se sienten altamente satisfechos.

 

La satisfacción con la situación económica tuvo un comportamiento diferente y cayó en la misma escala a 6,61,  situación que puede explicarse por el mismo crecimiento de la clase media que está acompañado de mayores demandas y mayores expectativas, que en muchos casos no pueden satisfacer.

 

Sorprende el lento avance en materia de pensamiento crítico y la persistencia de valores tradicionales a pesar del mejoramiento de las condiciones económicas de las familias y  el mayor acceso a la educación. El 92 por ciento de los colombianos cree en Dios y el 55,4 por ciento confía en la iglesia. Las personas que se consideran religiosas ha disminuido, pero  sólo un 12 por ciento en más de 20 años.

 

Como en todas las encuestas de percepción no se registra ningún avance en materia de capital social que es un factor determinante para el desarrollo de las naciones. La desconfianza institucional es muy alta y constituye una gran debilidad para la democracia colombiana. Sólo el 5 por ciento confía en los partidos políticos y en el Congreso de la República y sólo un 10 por ciento confía los sindicatos. La posibilidad de hacer redes ciudadanas en los barrios es muy baja, sólo el 44 por ciento confía en los vecinos. Hasta la confianza en la familia ha caído en los últimos años. 

 

En conclusión, los colombianos son más felices pero más desconfiados. La construcción de instituciones capaces de generar confianza sigue siendo un gran reto que depende del surgimiento de nuevos líderes. La insatisfacción con los temas económicos se seguirá manifestando en las calles.