Fajardo pasó por aquí

Alvaro Rodríguez H.

Columnista

Desagradecido resultó este Fajardo, que ya no saluda. Siguió derecho como todo ‘buen’ político.

En el desayuno se sabía qué iba a pasar con el almuerzo: sus amigos que siempre llaman para la entrevista, lo guardaron. Le pusieron precio con un silencio alto. Y ni se notó. No aparecieron los ex aspirantes pasados que le ayudaron a llenar urnas, le daban cátedra de región, ni los amiguetes de alcurnia, ni los docentes y alumnos de maleta en la espalda, ni los que ahondan divisiones. Esta vez, poco se hizo acompañar.

Tampoco los del coro local. Poco se supo del Fajardo taquillero. Su bluyín no se dejó ver por estas breñas cafeteras que ya no extraña. No sabemos si está más mareado que los sustos afrontados por Duque Presidente. Lástima que Fajardo Valderrama ya no converse ni con la prensa.

Algo pasa. Fajardo, el del libreto, pasó por aquí. No sabemos si se le quebró la punta al lápiz amarillo o si había cambiado las clases de matemáticas por la de esa pandemia que ahora asusta y lo alejó de la gente.

Adiós, sin levantar la mano. Erguido entre su ambigüedad remota y la sindéresis del que calla. Ha aprendido mucho entre su mutismo transparente. Y eso que  su COCO – Coalición Colombia, como la llama – en sus tres capitales, triunfó.

No sé si llegó en vidrios polarizados. Detrás  de unos girasoles estupendos cultivados con el abono de sus votos marchitos para la segunda vuelta. O si Mockus le respira.

Le recomendaron que  calle. Que no saque a pasear verbos rectores que destruyan o que polarice sin decir nada.

No estamos ante poco: cuando el desprendimiento del voto amarrado envilece y secuestra, escandaliza y deja al descubierto el olor fétido, nauseabundo, que produce. De la costra derivada del voto alquilado. De la política -gas- que llaman con ira, tradicional.

Lástima que el Profe Fajardo no se pare a dar clase. Ni a pintar claros oscuros de la política que destiñe. Fajardo el silencioso. El de cara esculpida que no suelta palabra.

Fajardo, sabemos, pasó por aquí. No sabemos esta vez sí comió chorizos en Santa Rosa  o le recomendaron que lo hiciera de paso por Armenia. Bien extraño este Fajardo que dejó en urnas, 93.471 sufragios en Pereira; Manizales, casi 102 mil y en Armenia, 61.379, que no se consiguen a la vuelta de la esquina.

Claro que mañana volverá a pedir el voto. Aparecerán cámaras de las estrellas fugaces de la tele nacional o youtubers con más edad, para corroborar si con la subida de los precios del dólar, del petróleo, sus votos en el Eje, se cotizaron. Lo único que sabemos es que Fajardo pasó por aquí, sin dejar rastro. Ni los de sus amigos que reclaman prensa. Sin ola verde. Ni con Claudia Nayibe López Hernández. Algo pasa.