El pin parental

Iván Tabares Marín

Columnista

Una norma ha establecido que la educación sexual se dictará en España socialista conforme a los patrones o criterios establecidos por la ideología de la comunidad LGBTI o el feminismo radical porque “los padres homofóbicos no son propietarios de sus hijos”. Esa educación, además, tiene un carácter transversal, es decir, aplica para todas las materias. En términos prácticos, la historia, la filosofía, la biología, las ciencias sociales, etc. tienen que reescribirse en aras de la inclusión para erradicar de la cultura todo vestigio de heterosexualidad y de la familia patriarcal, tal como le conviene al neomarxismo.

No se enseñarán en filosofía, por ejemplo, las teorías de los machistas Aristóteles, Descartes, Hegel o Heidegger y se dará prelación a los textos de la lesbiana y marxista norteamericana Judith Butler o al español, profesor de La Sorbona, transgénero y marxista, Paul Beatriz Preciado. En las clases de biología se suprimen los recientes descubrimientos que muestran la identidad de género o sexual condicionada por factores genéticos, hereditarios y cognitivos que dejan sin soporte los dogmas de Butler y Preciado.

La comunidad de Murcia, apoyada por las mayorías de la derecha, se rebeló contra la norma del gobierno socialista y propuso un pin o una autorización de los padres para que los chicos puedan ser sometidos a la que consideran una nueva forma de adoctrinamiento. Se espera que Andalucía y la comunidad de Madrid asuman la misma posición. El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, declaró irritado: “Saquen sus manos de nuestras familias”. Funcionarios del Gobierno de Sánchez e Iglesias calificaron a los opositores de “fascistas” y “homofóbicos”.

Recordemos que cuando Gustavo Petro introdujo esa metodología en los colegios de Bogotá, los funcionarios encargados la justificaban porque se trataba de abolir el adultocentrismo de la familia y de dar una nueva educación sexual género único, con el peregrino argumento de que cada niño de preescolar y primaria es libre de escoger su género sexual. Es la misma tesis falsa repetida por nuestra Corte Constitucional colombiana.

Con un lenguaje complicadísimo, que muchas veces no entienden bien los mismos promotores de esta ideología, se quiere ocultar los negocios de multinacionales que financian la campaña, según las denuncias de Agustín Laje en El libro negro de la nueva izquierda. Asimismo, con el cuento de la tolerancia y el lenguaje incluyente se ocultan los objetivos últimos de su proyecto, abiertamente neonazis y ridículos, como es negar a los padres la educación de los hijos para que la asuma su nueva escuela totalitaria.

Lo más dramático es el carácter inhumano del marco teórico de la ideología de género, denunciado por grandes pensadores de nuestro tiempo, como el profesor de La Sorbona Jean-François Braunstein:  a los defensores de esta ideología de género “les falta un tornillo”, afirma. Negar la diferencia de los sexos y el tabú del incesto es el camino de la perversión; es el caos; es la dictadura del género único.