El país que nos merecemos

Luis Miguel Cárdenas Villada

Columnista

Prospectar un País como Colombia resulta relativamente fácil por lo práctico que trasciende su devenir. La historia de la República identifica ciclos que se repiten periódicamente como si se tratara de un recurrencia previamente programada. Nada es imprevisible, todo se sabe, no se requiere análisis de ciencia prospectiva. Cualquiera es capaz de anunciar lo que sucederá, si se presenta alguna alteración y se tiene un poco de poder se presiona para que el suceso ocurra. Se es privilegiado debido a las proyecciones así no sean prospecciones. En Colombia sucede lo que tiene que suceder.

 

La confrontación armada de principios de siglo XX estaba anunciada lo mismo que su desenlace. La violencia de la década del cuarenta también se advirtió con antelación, su terminación también se pactó; para el año 2004 se presentó la más cruenta confrontación armada entre paramilitares, guerrilleros y soldados del Estamento terminando por acuerdos de conveniencia llamados Acuerdos de Paz; a partir del año 2018 se renueva la confrontación, esta vez entre narcotraficantes con distintas denominaciones: clanes, disidencias, soldados.

 

Era de esperarse que los enemigos permanentes de la Paz que tienen sentido desde principios del siglo XX se organizaran de conformidad con el momento histórico, dándole interpretaciones disimiles a la confrontación programada concordante con la realidad económica. El suelo siempre ha sido el escenario perfecto para la guerra. Es sinónimo de violencia la apropiación violenta de la tierra debido a que en ella se realizan todas las actividades que producen riqueza. El suelo agrario se transformó en suelo urbano; el extractivismo sustento el modelo económico y hoy la droga es el sostén de la democracia. Por eso el suelo es la fuente de toda riqueza de la nación siendo o pretendido apropiarse del mismo utilizando la política como el mejor de los instrumentos.

 

La evolución en los métodos represivos es notoria y obedece al grado de desarrollo de la sociedad. Del corte de franela de ayer, hoy se trasciende a los falsos positivos o ajusticiamientos extrajudiciales con cargo a prontuarios imaginados y conseguidos en forma ilícita. Las chuzadas son hoy el instrumento preferente que sustenta un Gobierno intransigente y soberbio conducido por un inmortal que determina siempre y a su amaño quien lo represente. Colombia es hoy un País comediante donde es fácil identificar los títeres y su amo el titiritero mayor.

 

Lo más significativo resulta cuando se encuentran los espectadores a la tragicomedia que no dejan de ser aquellos que siendo víctimas reales, aplauden hasta rabiar el espectáculo propuesto. Los tramoyeros representados por los grandes grupos económicos se divierten a lo lindo viendo como los asistentes delirantes se derrumban en nauseabundo frenesí y bucólica expresión de alienación previamente programada y aceptada. Pan y Circo es lo ofrecido porque el agua acompañante necesario del menaje traidor es sustituida por cianuro. Lo interesante del cuento radica en que muchachos de todas las condiciones sociales, étnicas, género e ideología se unen en una protesta comedida donde solo interesa la Patria como símbolo de unidad. A pesar del asesinato cruel y desalmado de los líderes sociales el País despierta con deseos de renovación. Se alza la voz. Se grita y exige la Paz y a pesar de las escopetas punto 30 del Esmad el pueblo irredento se levanta esgrimiendo banderas libertarias. Ojalá no se repita el ciclo y la represión no enlute más familias a causa del silencio cómplice y vulgar de los traidores. ¿Quiénes son? Responda Usted.

Lumica74@hotmail.com